EL CORRO
¡Uy, las listas...!
¡Uy, las listas…!, exclamaba en una reciente entrevista Mariano Rajoy, como diciendo «haga el favor, mejor no me hable usted de eso…». Y salía del paso atribuyendo la responsabilidad de su elaboración a Miguel Arias Cañete, el presidente del comité electoral nacional del PP, no sin antes confesar que «verse en la tesitura de tener que elegir entre personas es lo peor que te puede pasar en política». (Oído esto último no sabemos a quién recurrirá Rajoy el día en que se vea en la tesitura de formar gobierno…).
Mas allá de su proverbial forma de escurrir el bulto, no descubre nada nuevo Rajoy al señalar el peliagudo trance interno que supone la confección de las listas electorales. Si lo es para el PP, que nada en la abundancia y puede compensar a los excluidos con otros cargos en las administraciones que gobierna o en ese virtual gobierno presidido por Rajoy, no digamos para el PSOE, que se dispone a perder decenas de escaños en el Congreso y el Senado sin tener ya donde recolocar a los damnificados.
Por mucho que presuman de democracia interna en contraste con el dedazo que aplica el PP, el espectáculo protagonizado al respecto por los socialistas de Castilla y León no puede calificarse precisamente de dechado democrático. Ni en su desarrollo —viciado por las interferencias y manipulaciones desde el aparato— y menos aun en su resultado, que es lo que a fin de cuentas importa. Desde fuera del partido, desde la óptica del ciudadano elector, resulta por ejemplo poco menos que inaudito que el máximo responsable del desplome electoral sufrido por los socialistas leoneses en las pasadas municipales y autonómicas, el perdedor de la alcaldía de León —alguien que debería haber dimitido fulminantemente el pasado 23 de mayo— aparezca ahora en uno de los puestos de salida para representar al PSOE de León en el Congreso de los Diputados. Me parece, sin más, un verdadero escarnio.
No es el único ejemplo de la alarmante pérdida de autoestima —y de rubor— en las filas socialistas. No le va a la zaga el tormentoso aterrizaje del ministro del Interior como candidato cunero por la provincia de Zamora. Un conflicto provocado además deliberadamente por el secretario autonómico, Óscar López, quién, en lugar de buscar acomodo a Camacho en otra circunscripción menos conflictiva, ha aprovechado (?) la ocasión para doblar el espinazo a quienes tuvieron la osadía de ganarle en su día el congreso provincial del partido. Un ajuste de cuentas por parte de López a costa de hundir y dividir todavía más a los socialistas zamoranos.
En fin, y qué decir, como está pasando en el PP, de los actuales diputados que al quedarse fuera de las listas del Congreso intentan desesperadamente entrar en las del Senado…