Diario de León
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León

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Mi madre se hacía cruces a gritos cuando mi padre me llevaba a rastras a la huerta y yo dedicaba toda la tarde a jugar a las «traineras» en la presa con tres o cuatro palitos que lanzaba aguas abajo con milimétrica paridad en la salida. «¡No sabe ni hacer un surco!» «¡No sabe ni hacer un surco!», le rumbaba mi madre la oreja a mi padre. Y cuando ya me hartaba y abandonaba las regatas que bogaban por mi imaginación, le espetaba: «Calla la boca de una vez. ¿Pero de qué me va a servir a mi saber a hacer un surco?». Hoy recuerdo aquellos episodios que se repetían casi todos los veranos con cierto remordimiento y aún con más temor ante la hecatombe que se nos echa encima. Mi padre tiene 80 años y sigue acudiendo religiosamente casi todos los días a la huerta para labrar sus propias patatas, sus tomates, sus pimientos; sus reinetas o sus peras. Y los cargamentos que llegan a mi casa directamente de la huerta nunca habían sido tan apreciados como hasta ahora.

De tal modo que he pensando en tragarme todo el orgullo infantil que aún regurgita en mi interior y confesarle a mi madre que desgraciadamente tenía razón. Que en su empecinamiento por que yo y mi hermano aprendiéramos a delinear un surco con el sacho al mismo tiempo que con el Rotring se escondía en realidad la visión futurista y privilegiada, tanto económica como social, que se les ha escapado no ya en los últimos treinta años, sino en la última década, a los grandes gurús planetarios. ¡Hay que volver al surco! A la matanza casera del gocho, a la recogida espinosa de las castañas. Qué se lo digan sino a los últimos de la eólica LM, incluso a los que hace sólo unas semanas se han dado a la fuga con ricas indemnizaciones que les parecerán nada en menos tiempo.

Lo malo es que ya quedan pocos maestros dispuestos a revelar los secretos de cada cuánto se deben regar las lechugas, de cómo se ha de realizar una poda, o de cómo crecen las probabilidades de que fructifique un injerto. Lo peor, que aún somos legión los necios que estando como están las cosas todavía pensamos que las cerezas crecen en los lineales del híper o que siempre va a haber pasta para que todos las hallemos en la huerta on line . Y eso es que muchos ignoran que el hedor sicario que destila el estiércol o la gallinaza que se empleaba de abono es Chanel en comparación con la peste que flota en el ambiente.

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