TRIBUNA
La manzana podrida
Steve Jobbs, el alma máter de Apple, falleció la semana pasada en Estados Unidos víctima de un cáncer que no pudo superar a pesar de su confiado y ciego optimismo inicial. Es imposible no reconocer la extraordinaria influencia que este genio de la vanguardia tecnológica ha tenido en nuestra forma de entender el mundo de la comunicación y de las relaciones, pero tampoco deben subestimarse las dependencias que se derivan de su estilo de vida, entre ellas, la más exigente de todas, la de tener que estar necesariamente conectado a un cable para entrar en el universo del mago de la era digital.
Parece obvio, pero hay que partir del hecho de que nada sería de sus revolucionarios inventos si ninguna red eléctrica alimentara sus baterías, de ahí la maravillosa contradicción entre aparente sencillez y oculta complejidad de los productos de su factoría. Un ipod no es nada cuando está apagado, o dicho de otro modo, no hay magia si previamente alguien no enciende la luz. La tecnología más elitista esconde la manzana envenenada de su insostenible gasto energético. Jobbs pudo eliminar casi todos los botones de los dispositivos digitales —una de sus obsesiones de diseño— menos uno: el de encendido.
¿Por qué eligió una manzana como icono de su proyecto de tecnología ligera y atractiva? Se dice que el vocablo byte (mordisco) juega con su homófono en inglés bite (unidad básica de información digital), o que representa el mediático asalto a la gran manzana neoyorkina.
Pero la mayoría olvida que la manzana mordida también es el icono por excelencia del génesis bíblico y que el mordisco más famoso fue el que dieron Eva y Adán el día que probaron del fruto prohibido del árbol del conocimiento. El recuerdo de la expulsión del paraíso puede ayudarnos a entender la otra cara de la tecnología que Jobbs ideó: cambiar el infierno de la maraña de cables que llenan los cajones de los domicilios del siglo XXI por el paraíso ordenado, limpio, sencillo y perfecto que da la bienvenida en un Apple.
En casi todos los relatos en los que aparece una manzana alguien pierde algo, casi siempre la inocencia. La serpiente que tentó a Eva para morder aquella manzana es similar a la bruja del famoso cuento que dio una manzana envenenada a Blancanieves.
Las ventanas para acceder a casi cualquier información en tiempo real también han hecho mella en la inocencia cultural que no es sinónimo de ignorancia sino de ilusión por el descubrimiento, precisamente aquello en lo que reside la magia. Steve Jobbs aparecía casi siempre impávido e inalterable, inexpresivo como un ipod sin batería, sin ningún signo visible de emoción en sus apariciones de lanzamiento de nuevos productos.
Como si nada, ni siquiera su propia enfermedad, le hubiera hecho entender la vida más allá del botón de una de sus invenciones.