Diario de León
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León

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Ahora vendrán los profetas y alguno dirá que estaba escrito. Yo confieso que a estas alturas no me habría jugado ni un euro a la más mínima posibilidad de reversión en la fuga de la multinacional eólica LM de su emplazamiento en Ponferrada. No es que piense ahora que la negociación de un plan industrial que garantice la continuidad de la factoría vaya a culminar de manera exitosa. Pero la presión relámpago para conminar a la empresa a que reconsidere el cierre debe conducirnos al menos a una lectura inéditamente positiva en los tiempos que corren. Parece que existe un tipo de sindicalistas a los que les mueve realmente un espíritu obrerista más allá de las horas de aburguesados liberados y de partidismos asquerosos. Se pueden discernir entre la resistencia terca del comité de LM, en el que sin embargo un pequeño sector se descolgó de casi cualquier conato de lucha, incluso con una especie de alegría estúpida, al adelantar en primicia que la multinacional había decidido poner pies en polvorosa. También parecen pervivir entre los altos burócratas de Madrid y Valladolid una especie de cargos políticos a los que es posible convencer de planteamientos sociales justos y que conocen que más allá de los coches oficiales y del pádel del fin de semana muchas familias bordean la mendicidad por la falta de empleo. Dentro de esa raza podrían encajar los directores generales de Industria del ministerio y de la Junta de Castilla y León, que han echado el resto en el conflicto.

Son ejemplos —más allá de que a la multinacional danesa no se le pueden conceder nuevos cheques con seis ceros que al final pagan chantajes— de que sí se puede, pese a los recortes brutales de la crisis, afrontar acciones efectivas en defensa de cuestiones vitales en materia de infraestructuras y de empleo para que el Bierzo no se transforme en un desierto. Son ejemplos antagónicos no obstante de la división que pese a todo presidió la manifestación que el jueves recorrió las calles de Ponferrada, y también de la sucesión de reuniones protocolarias y futiles a las que asistimos desde hace semanas. Si a esta alturas todavía necesitamos diagnósticos de lo que ocurre y de lo que precisa el Bierzo es que nos están capitaneando algunos trasuntos del doctor Mengele. Cada reunión para la foto resuena como una palada de tierra sobre el féretro en el que aún alienta la comarca.

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