Diario de León

LA 5.ª ESQUINA

La guitarra de Leonard Cohen

Publicado por
JESÚS A. COUREL
León

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Dice Leonard Cohen que su guitarra española huele todavía al cedro con que fue hecha. Desconozco el olor del cedro, pero la metáfora encaja en el discurso, almibarado y obsequioso, que este cantante —especializado en «el amor, el sexo, la religión y la depresión psicológica» (como describe la Wikipedia)—, pronunció hace unos días en Oviedo, con motivo de recibir el Premio Príncipe de Asturias de las Letras. A Cohen se lo comerá el tiempo —como a tantos músicos populares—, pero no así a los fabricantes de guitarras, que usan madera de cedro por ser generosa a la hora de trabajar con ella; por su flexibilidad y por tener vetas más rectas, paralelas y abundantes. Estos virtuosos ebanistas argumentan que el cedro ofrece mejor acústica, pero si la tapa de la guitarra es muy fina —con el fin de obtener buenos graves—, la madera se agota con el tiempo y se vuelve sorda. Como el ser humano. Los buenos luthiers no hacen más de 20 instrumentos al año, para conseguir la proporción adecuada y la acústica perfecta.

Leonard Cohen, músico canadiense —de origen judío y de ascendencia lituana—, confesó en su discurso de agradecimiento que García Lorca y un guitarrista español en Montreal —con el que aprendió «esos seis acordes» que son la base de toda su música y canciones—, le indicaron el camino a seguir. Por eso está agradecido a la tierra en que vivimos. No es difícil apostillar que un músico debe ser un poeta y al revés; que sus versos han de sonar como una melodía sutil, bella y cargada de carácter, como la que apuntaba la protagonista de su canción más conocida, Suzanne, que nos enseñó a mirar «entre la basura y las flores», en ese espacio donde nos hemos acostumbrado a vivir.

Por lo mismo que el cedro puede servir para construir una hermosa guitarra y, a la vez, un sarcófago —gracias a su poder para ahuyentar insectos y gusanos—, a Leonard Cohen la música le ha ayudado a ganarse la vida y a ahuyentar la tristeza y la depresión que ésta nos ofrece a diario. Dicen que la música es un idioma universal, por eso cuando Leonard Cohen comenzaba su carrera de poeta, otro Leonard —también de origen judío y de apellido Bernstein—, estrenaba una bella sinfonía para el cine: West side story , que este año celebra el cincuenta aniversario de su estreno. Este drama, inspirado en Romeo y Julieta, tiene como telón de fondo la emigración de la que ambos Leonardos son hijos. La guitarra de Cohen huele a cedro y suena a mestizaje, a un proyecto de vida sin fronteras que evitaría tanta infamia y sufrimiento como el causado por los absurdos nacionalismos… Había que hacer algo.

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