Diario de León

LA SEMANA

Arreglar Europa y salvar a España

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campo vidal
León

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Esto tiene mala pinta. La cifra de cinco millones de parados que supone el 22 por ciento de la población activa ha caído como un mazazo en la opinión pública. Es como esas malas noticias que impactan a pesar de que se ven venir. La ciudadanía mira hacia los políticos, de cualquier signo, y la receta mágica nadie se la enseña. Se mira hacia Europa y la falta de liderazgo, inquieta. Se optó por poner a desconocidos con experiencia limitada al frente y el resultado es lo que tenemos. Con todo respeto político y personal hacia Van Rompuy, su experiencia al frente de Belgica es aval insuficiente para sus altas responsabilidades actuales. El nombre de Van Rompuy en una encuesta se asociaría más con algún defensa del Ajax F.C. que con el presiente del Consejo Europeo. Eso lo que hay en liderazgo.

Cuando la Unión no funciona, la solución parece alemana aunque se represente la función del eje franco-alemán para darle aire al decaído Sarkozy. Pero es la señora Merkel la que manda. Se extiende la convicción, que acuñó algún anónimo ocurrente, de que «Alemania no pudo ganar las dos guerras mundiales pero ganará la tercera, que es económica». La europea quizás sí, pero no la mundial porque Estados Unidos resiste y China empuja fuerte. Además la confianza en Alemania se resiente. Descubrir ahora que por un error contable, el país germano tiene 55.500 millones de euros menos de deuda pública, sin que nadie se hubiera percatado de ello, no es la mejor credencial para generar confianza.

El viernes pasado, el Congreso de Cede —directivos españoles— que preside Isidre Fainé fue escenario de un diálogo del máximo interés. Primero intervino Joaquín Almunia quien celebró que los bancos españoles se basten por sí mismos para recapitalizarse, por más que la exigencia europea fuera excesiva. Así lo han anunciado ya, por lo menos, BBVA, Caixabank y Santander. Culpó a la prensa pero la ciudadanía percibe que la Unión trata con severidad a España que ha hecho más reformas y recortes que Italia, por ejemplo. Admitió Almunia que los mercados se mueven a velocidades medidas en kilómetros por hora y los organismos europeos a centímetros por hora. Pero a su juicio, con los últimos acuerdos todo va ya más rápido, solo que con un año o dos de retraso. Pero repartió alguna dosis moderada de esperanza.

Más nos vale porque España por si sola no despega: los recortes y la austeridad han servido de momento para generar más paro, especialmente procedente de los contratados de las administraciones públicas mientras el consumo interior sigue estancado. La publicidad baja en todos los sectores y soportes y las Navidades que vienen se anuncian como las más tristes de las últimas dos décadas. Es magnífico que se controlen gastos irresponsables pero ya han escuchado al fundador de Mercadona: «Hay que acabar con el despilfarro porque el dinero se va por las alcantarillas».

Cesar Alierta, Ignacio Sánchez Galán, Antoni Brufau, Antonio Vázquez e Isidre Fainé, es decir Telefónica, Iberdrola, Repsol, Iberia y Caixabank animaron a salir al exterior. Más optimismo, más energía. Después de un sentido discurso del lendakari Patxi López en homenaje a los empresarios que resistieron en Euskadi el acoso de ETA, habló el Principe don Felipe, que para sorpresa de todos llevaba horas en el auditorio tomando notas como un directivo participante más. No se anduvo por las ramas: «Sin crecimiento, ni empresas de éxito que tiren del empleo, poco podemos hacer». El Príncipe dibujó el temor de que el país pueda caer en el fatalismo, especialmente los jóvenes tan castigados por el paro y llamó a emprender, a exportar y a innovar. Esfuerzo interior y rezos para que Europa salga adelante y tire de España. Esa es la única esperanza.

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