Diario de León
Publicado por
CÉSAR GAVELA
León

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Hace dos años el Levante U.D. cumplió su centenario. El club, que es diez años más viejo que su famoso vecino el Valencia C.F, celebró su heroico siglo editando un montón de libros. Pero no solo libros de fotos y estadísticas, sino también otros escritos por ensayistas, críticos literarios y narradores. Una colección de textos que ahondan en el humilde mito de ese club olvidado. Pobre, marginal y republicano.

Republicano por su base obrera y porque ganó la única copa de España celebrada en tiempos de la República; un trofeo que nunca fue aceptado por la Federación. Pobre porque la mayoría de sus aficionados son de los barrios marítimos, y modestos, de Valencia: la Malvarrosa, el Cabanyal, el Canyamelar y el Grao.

Para el centenario, el club también convocó un concurso de cuentos. Fui nombrado miembro del jurado y me obsequiaron con un pase de tribuna. El acto de la entrega del premio fue tan familiar como emotivo.

Y es que los aficionados del Levante deben ser los más sentimentales de España, no solo los más acostumbrados al fracaso y la decepción. Pero también son los más tenaces. En aquel momento ya llevaban cien años esperando un sueño y no se rendían. En el acto se hablaba mucho de los abuelos, de los padres... Seguidores que habían muerto ya. Recuerdo que el presidente, el joven Quico Catalán, lloró un poco. Y otras personas. Porque ser del Levante es una especie de religión laica que tiene muy pocos creyentes. Dicen que son 500 familias valencianas, de una constancia fuera de serie.

Ahora han llegado a la cima, a lo indecible. Desde esa magia que solo tiene el fútbol. Y han llegado con gladiadores de treinta y seis años. Futbolistas olvidados, repudiados o lanzados a la grada en otros clubs, ya ni siquiera al banquillo. A mí siempre me atrajo ese club secundario. Un equipo que jugaba en un estadio enorme para su masa social, perdido en medio de la huerta. Un estadio al que había que ir por caminos de tierra.

Muchos años después conocí a Juanjo Estellés a través de mi querido amigo Ricardo Muñoz Suay. Juanjo, que ya ha cumplido 90 años, y que tiene el aspecto exacto de don Quijote, es uno de los patricios más liberales, honestos y lúcidos que tiene Valencia. Educado en la Institución Libre de Enseñanza, es un ilustre arquitecto, un artista y un hombre de una cordialidad fuera de lo común. Un día me dijo algo que alentó mi curiosidad levantinista: que él había sido el arquitecto del estadio que ahora se llama Ciudad de Valencia. Y que por fin está integrado en la capital del Turia, en una trama urbana decente y hermosa. Un liberal culto y antifranquista construyendo el estadio del único campeón de la República. Me pareció muy lógico.

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