EL RINCÓN
¿Un tecnócrata para España?
El hecho de que la Italia de Berlusconi haya sobrepasado a España en insolvencia —digámoslo así, descarnadamente, con realismo— no debería consolarnos excesivamente toda vez que sea cual sea el curso de los problemas italianos, los nuestros continuarán siendo factores de desconfianza de los mercados.
Las posibilidades evidentes que pueden derivarse de las elecciones del 20-N no cambiarán sin embargo las perturbadoras cifras macroeconómicas que la Comisión Europea acaba de proclamar: España crecerá el 0,7% tanto en el 2012 como en el 2013, lo que supondrá inexorablemente que el paro continuará creciendo; y nuestro déficit se desbocará, lejos de los compromisos contraídos, si no procedemos a realizar brutales «consolidaciones fiscales» —ajustes— por un importe, fijado por Bruselas, de 15.000 millones de euros en el 2012 y de 21.000 en el 2013. Éste es el camino amargo, y seguramente impracticable, que nos marca Europa para que consigamos que el 2013 concluya con un déficit público del 3% del PIB.
Así las cosas, y aunque sea razonable estimular cierto optimismo para no caer en la depresión, conviene que tengamos claro que el próximo Gobierno, el que salga de las urnas, se encontrará con el mismo problema esencial que tiene el actual: no sólo no hay recursos para implementar estímulos fiscales que activen la economía y reduzcan el desempleo sino que los mercados —y Bruselas en su nombre— nos instan a proseguir por el camino del ajuste duro, que aún nos deparará más angustia y malestar
Llegados a este punto en la reflexión, conviene que nos pongamos por un momento en la piel de los italianos (y, en cierto modo, también en la de los griegos) para interiorizar que la desautorización de ambos gobiernos y su sustitución por soluciones tecnocráticas. Nuestros acreedores quieren la certidumbre de que los Estados deudores honrarán sus compromisos. Así las cosas, es plausible que Rajoy hable ya de gobierno de amplio espectro, de su disposición a contar con todos, de su deseo de pactar con la oposición.