EL AULLIDO
Soluciones imaginarias
Sin el placer de hacer el imbécil la existencia deviene en insufrible», dice uno de los preceptos del Grupo Pánico… Por eso, como si hablar de cultura en la jornada de reflexión fuera una redundancia en vez de una locura, quisiera dedicarle una emoción a la que, a mi juicio, es la mejor exposición de arte contemporáneo que ha venido a León desde que tengo uso de razón —lo cual no es desde hace tanto—… Como ver una película de ciencia ficción en la que las concejalas leen y los sacerdotes se enamoran ha sido visitar, en el Palacio de Botines, el imprevisible repertorio de linóleos fantasmagóricos, carteles que ponen a la imaginación a hacer equilibrismo, dibujos con hechura de carta del tarot, planchas absurdas y grabados surrealistas del talentoso, enloquecido, carnavalesco e imprescindible dibujante francés Roland Topor.
Una estrella subversiva del mundo de la cultura europea es el ya finado Topor, escritor, guionista de Roman Polanski, conferenciante, ideólogo, director de cine y sobretodo dibujante siempre sorprendente que, en España, colaboró con la revista La Codorniz, que aún tiene aquí influencia en otros artistas gráficos como El Roto, y que en Francia fundó, junto a Arrabal y Jodorowsky, ese movimiento que apuesta por el anarquismo terapéutico: el Grupo Pánico. Topor, príncipe del humor negro y la imaginación atrabiliaria, dibuja con inteligencia crítica, con ejecución brillante y con originalidad el lado obsceno, siniestro, irracional e hilarante de todo. Y, al hacerlo, pone en el mismo saco a los políticos sin ideología y a los funcionarios de cultura sin cultura invitándonos a mirarlos a la cara, y, luego, a ejercer ante ellos el don de la risa aceptando que el mundo está al revés.
Uno ve la amplia exposición, celebra que hayan traído esto a León —aún queda aquí en los departamentos culturales quien sabe que la cultura es algo más que manualidades subcontratadas—, se recrea con admirativa sonrisa en tan apasionante universo visual, recuerda otra de las grandes frases de Topor —«la alegría siempre construye, lo mismo que el juego, y por eso la fealdad moral y la incompetencia, que antes me aterrorizaban, ahora me provocan una risa descomunal»—, y le pone otra vez humor a la vida gracias a este experto en la ciencia de las soluciones imaginarias.
La peculiar, desasosegante, gracia de quien demuestra que la inteligencia y la belleza se resumen en la alegría. El dibujante definitivo que predica que, por agrias que sean la tragicomedia de la vida y el vodevil de la política, la imaginación es ese instrumento del que dispone el ser humano para mejorarlo todo: «por ejemplo, si está demostrado que en un tren el último vagón es el más peligroso, ¡hay que suprimir el último vagón!... O ése otro texto de viñeta: ¿Tú que sabes hacer? Yo nada. ¡Pues a cultura!