Diario de León

LA SEMANA

Marea de votos y río de quinielas

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campo vidal
León

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Como los votos en blanco cuentan y la dispersión en pequeños partidos sin opciones reales suma en el porcentaje de participación, hoy se espera en las urnas una marea de votos. Aun siendo cierta la distancia entre ciudadanía y política y aunque los mercados ahoguen a pesar de que se hacen los deberes, este país ha demostrado siempre su responsabilidad en los momentos difíciles. Marea de votos, por tanto, previsible.

Son unas elecciones tensas pero sin apenas emoción. Se vota por militancia, por convicción, por conveniencia, por hastío, por desesperanza o por rutina pero no se detecta emoción, acaso porque el resultado está tan cantado en las encuestas que se da por digerido. Quedan, sin embargo, incógnitas muy importantes. La principal es, sin duda, ¿acertarán las encuestas con toda su intensidad? La segunda, muy relevante, se refiere al peso con el que quedará el futuro líder de la oposición llamado a cerrar con el nuevo Presidente pactos de estado para salir de la crisis. Pero hay más: ¿Logrará el PP ascender a segunda fuerza en Cataluña, detrás de los socialistas, superando a la CiU de Durán Lleida? ¿Podrá formar grupo parlamentario Amaiur, la heredera de Batasuna? ¿Logrará entrar en el Congreso Gaspar Llamazares, desplazado a Asturias por Cayo Lara? ¿Se quedará el inefable Revilla, ex presidente cántabro, fuera del Congreso? ¿Superará Rosa Diez a Izquierda Unida en la Comunidad de Madrid? ¿Logrará Equo un escaño a medias con Compromis en Valencia? ¿O la Chunta Aragonesista con IU por Zaragoza?¿Obtendrá un escaño por Madrid o por Asturias el Foro de Alvarez Cascos? Y cien preguntas más.

Como la intriga sobre los resultados y sus matices es escasa, el interés en las conversaciones, más allá de estas preguntas, se ha decantado hacia los rumores sobre las quinielas de nombramientos de ministrables y puestos clave de la nueva Administración. No es que haya algún rumor que otro: existe un auténtico río de rumores hasta el punto de que se diría que hay quien arroja su nombre a la corriente por si llega a flote hasta la desembocadura . Ser ministrable, aunque en la ficción, es un status, independientemente de que el nombramiento no llegue nunca.

En el río de quinielas baja de todo: supuestos nombramientos lógicos, como los de dirigentes máximos del partido que va a ganar, pero también tecnócratas de relevancia que se supone que guardan en su bolsillo la llave mágica para salir de la crisis, presidentes de compañías y bancos a quien el rumor masajea su ego, aspirantes a ser la ocurrencia feliz en la lista de nombramientos y personajes con vocación de alto cargo que nunca tuvieron fortuna pero no se rinden.

Lo más novedoso esta vez, junto a los que deslizan sus credenciales para que suenen, son personajes que, sabiendo que no tienen posibilidades reales, simulan que pueden influir en la decisión del Presidente del Gobierno in pectore. «¿Puedo manejar tu nombre en una conversación privada, muy secreta, la próxima semana?», preguntan estos días a algunos profesionales. Es esa otra forma de generar rumores y de situarse en la lista, no de ministrables, sino de personajes supuestamente influyentes. Si el Presidente del Gobierno que viene tuviera tantos consultores como los que aseguran serlo, necesitaría días para despachar con ellos y los nombramientos se retrasarían peligrosamente.

Esa es otra: lo que tenga que venir, llegará muy deprisa. Demasiado tiempo ha pasado desde que se convocaron en julio las elecciones, como para estirarlo ahora. Rajoy ha pedido a los mercados por lo menos «media hora de tiempo». De donde se deduce que el presidenciable, que no suelta prenda, aunque suele deslizar confidencias a unas pocas mujeres -Soraya, María Dolores. Ana y, por supuesto Elvira- debe tener lista la lista. Aunque muchos vayan de listos.

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