Publicado por
pedro vicente
León

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La trapisonda protagonizada por Caja España-Caja Duero en torno al ex empleado —e inexplicablemente todavía consejero— Francisco Fernández, ha distraído la atención sobre un asunto de mucho mayor calado y trascendencia, cual es la apuesta de la Junta por otra Caja-banco como entidad financiera de referencia de la comunidad autónoma.

Hace un mes nos llamaba la atención la decisión del gobierno Herrera de retirar a Caja España-Caja Duero la exclusividad sobre la gestión de la nómina de personal de la Administración Autonómica. Poco después se destapó por vía oficiosa el trasfondo de esa medida: Forma parte de las contrapartidas ofrecidas a Bankia dentro de unos acuerdos alcanzados entre la Junta y el grupo bancario presidido por Rodrigo Rato, mediante los cuales éste disputa, si es que no arrebata, a España-Duero esa condición de entidad financiera de referencia. Dicha entente es fruto de una negociación secreta mantenida al máximo nivel por dos delegaciones encabezadas por Herrera y Rato y se plasma en un primer acuerdo por el que Bankia financiará el pago de más de 300 millones de euros adeudados por la Junta a proveedores del Sacyl, adjudicándose al tiempo las nóminas de los más de 30.000 trabajadores adscritos al sistema regional de Salud. Y sobre la mesa está otro posible acuerdo por el cual la misma entidad financiera pasaría a gestionar nada menos que las ayudas de la Política Agraria Común (PAC) a los agricultores.

La apuesta por Bankia en detrimento de Caja España-Caja Duero pone patas arriba la política seguida por la Junta respecto a las entidades financieras. De las seis antiguas cajas de la comunidad sólo dos (eso sí, las principales) acataron las directrices marcadas por el gobierno Herrera en materia de fusiones: Caja España y Caja Duero. Por el contrario, las otras cuatro hicieron caso omiso y se embarcaron en otras alianzas, caso de Caja Ávila y Caja Segovia, cuya integración en Bankia fue considerada poco menos que como «una traición» por el gobierno autonómico, que hizo además todo lo posible por boicotearla.

Era lógico, pues, que la Junta —que, en comandita con el PSOE, situó a Evaristo del Canto al frente de la entidad— premiara la fidelidad de España-Duero otorgándola un trato preferente a modo de entidad financiera de referencia dentro de esta comunidad. Y eso no lo alteraba la fusión con Unicaja, que ha contado con todas las bendiciones (nunca mejor dicho) de los máximos responsables del Ejecutivo autonómico. Pero ha aparecido en escena Rodrigo Rato, el influyente «compañero de partido», y la coherencia ha saltado por los aires. Era la guinda que faltaba para coronar un pastel cada vez mas indigesto para el interés general de castellanos y leoneses.

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