LA GAVETA
Monólogo ZP
Diciembre, el último mes. De este año y de mi tiempo político. El mes no me gusta y es por las navidades; por las calles decoradas con símbolos cristianos. Las calles han de ser públicas y laicas, la religión es cosa de cada cual.
Diciembre, estoy cansado. He envejecido mucho, soy una sombra que se llama Zapatero. Pero saldré a la luz; en unas semanas sabré por dónde moro. En unos meses, a lo sumo. ¿Pesa más en mi labor lo malo que lo bueno? Eso es lo que dice la derecha. Pero estoy seguro que, de no ser por la crisis económica, volvería a ganar en marzo del 2012. Porque Rajoy no me vencería nunca; eso siempre lo he sabido. Me muevo mejor que él en la calle y en el parlamento, aunque sea menos sólido. Y es que siempre me han dicho eso: que soy poco consistente. Puede que sea verdad porque lo dicen casi todos ahora. Hasta los que antes me apoyaban mucho.
Yo quería ganar otra vez, rematar tantas cosas que han quedado pendientes. Algunas serán desmanteladas por el PP. Ellos tendrán muchos años, eso me temo, y podrán hacer una España a gusto de esa clase media egoísta y conservadora que tanto les aprecia. Y les vota. Es lo que hay, la democracia es así. Y no creo que nadie discuta mi condición de demócrata. Con todos mis fallos y logros, vacilaciones y dificultades creo que he sido el más democrático de los presidentes españoles.
¿El menos español? El menos español castizo, sin duda. Pero soy español, ¿qué otra cosa voy a ser? Soy un español republicano que cree en una España federal. Las autonomías están agotadas, hay que dar un paso más allá. Tarde o temprano, llegará ese momento. Creo que mi política en ese punto es la más relevante, la peor entendida; la más valiente y necesaria. La que anticipa. La que desautorizó el Constitucional.
Yo quería ganar pero todo eso es ahora vacío. Futuro que irá por otros caminos. ¿Por cuáles? Ahora no sé. Me gustaría vivir en León, como dije hace un tiempo, pero me aconsejan que no. Demasiado contraste, demasiada incomodidad para muchos. Para mis hijas, sobre todo. Hay que esperar un poco hasta que me miren de otra manera. Para que quienes tanto me atacaron recapaciten. Poco a poco, serenamente. Y que concluyan que no fui tan malo. Yo no les guardo rencor.
¿Me gustó provocar? Alguna vez. ¿Y qué? Tenía derecho; me sentía respaldado. Pero para provocaciones, las de la derecha. Con sus oscuros intereses, con su clerecía al quite. Esa cosa severa que aborrezco. Contaré las nubes en Madrid. De momento. Pero volveré a León, un día volveré. Y seré un señor que pasa; me gustaría ser un ex presidente como los de Finlandia. Un señor que va a tomar un café con Gamoneda. O con Pereira, ¿por qué no? Pereira siempre estará por ahí, por la plaza de las Cortes. Las Cortes Leonesas.