Diario de León
Luis Urdiales
León

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El lobo de los recortes merodea este León que ya es más invierno que nunca, dispuesto a dar un bocado portentoso a la libertad que tienen los mortales de enfermar y esperar soluciones. Hoy es más patente que nunca que desde Bruselas a los Montes Aquilianos sobran economistas y faltan poetas. En breve se va a legislar sobre la conveniencia de partirse una pierna en plenas navidades, cuando la quinta y la sexta de traumatología aprovechen para hacer inventario en coincidencia con la época del año en la que menos mortales hacen cola para arreglarse el menisco.

Ya hemos elegido en qué debemos gastar el dinero cuando no lo hay. Este fin de fiesta es una situación cruel que además de afectar a quien aspira a la aspirina va a poner más gente en la situación famélica del desempleo, ahora desde puestos cualificados que hace sólo unos meses no se cubrían por falta de personal. Estamos en puertas de abrir un debate sobre si hay que cerrar un quirófano mientras están abiertas de par en par oficinas de ahí donde se ceban de cafés los mastodontes de la Avenida Peregrinos, funcionarios de un servicio cualquiera para el que no hay administrados. La eterna historia de indios sin montura. Ahora hay que subastar el euro a ver quién se lo queda. Es el primer paso para un pulso posterior, más grave y profundo, un pulso entre carreteras y hospitales, unidades veterinarias y escuelas, asilos y bibliotecas o ríos y parques o asistencia social. El euro que queda se tiene que multiplicar por mil necesidades, con el resultado de miseria para quienes necesitan de ello.

Es el nuevo mundo al que no nos hemos enfrentado y que está detrás de anuncios de se vende o se traspasa de las avenidas más lujosas de la ciudad que llevan tanto tiempo en cartel como Saber y ganar en antena. El momento de necesidad de los servicios públicos es tan acuciante que no se va a salvar ni la trilogía sagrada que hasta hace poco escapaba de la caldera de los recortes: sanidad, educación y prestaciones sociales están en el alero. Y en este León envejecido y necesitado, en el que la ola del paro se junta en la esquina con la tasa de actividad raquítica, la precariedad en la asistencia mete en cuidados intensivos a la sociedad. Abierto el debate será necesario definir en qué se gasta. Si es conveniente financiar el tratamiento para desengancharse de la cocaína o arreglar la adicción a los besos.

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