TRIBUNA
¿Rehacer el PSOE?
Las elecciones generales del 20-N, con los catastróficos resultados para el PSOE —que además de perder el Gobierno se queda con menos diputados que nunca en democracia— (y a los que se suman las graves derrotas anteriores en autonómicas y municipales) ha provocado la convocatoria urgente de su 38º Congreso Federal en Sevilla, los primeros días de febrero del 2012. Ante ello, debe primar la libertad de expresión, enriquecedora del debate abierto mediante aportaciones y reflexiones, propiciándose esa necesaria «renovación y cambio», que no debiera quedarse reducida a una mera operación cosmética para mejorar su imagen exterior, sino que ha de entenderse de cierto calado.
Ideas fuerza, no solo nombres: Hay quienes se han pronunciado ya, centrándose en el procedimiento de la elección del nuevo secretario general mediante el sistema de primarias abiertas, lo que se antoja difícil al estar, según estatutos, controlado por unos pocos delegados a dicho Congreso. No obstante, con ser esencial la elección de un líder, junto con un buen equipo de dirección —ya que un partido no debería ser tan solo un hombre—, más importante que ese quién o cómo se nos antoja el qué o el para qué, es decir cuál va a ser el proyecto de ideas y propuestas transformadoras que se pretende acometer en aras ganar más adeptos a la causa del PSOE.
Previamente, se debiera valorar lo que ha sucedido —el mejor aprendizaje arranca siempre de analizar con rigor los errores cometidos, que haberlos «haylos» y no sirve la crisis económica global por única coartada— asumiéndose, en consecuencia, responsabilidades políticas. Que no suceda como en la revolución lampedusiana en la que todo cambia para que todo siga igual que antes. En pro de ese avance imprescindible se deberá repensar lo que hoy en día deben significar cada una de las letras que conforman las siglas del PSOE.
Impulso de identidad ideológica: Comencemos por la P de Partido, y no de partida o sociedad limitada, que, en tanto que «instrumento fundamental para la participación política», debiera revisarse al alza, con amplitud de miras. Saliendo de su ensimismamiento. Evitando la endogamia y abriéndose a la sociedad, para ganar nuevos afiliados y para que participe más gente en la toma de decisiones. Que no sea una mera maquinaria electoral y que no todo se quede en un «aparato» de mínimos.
Sigamos por la S de Socialista, para lo que se deberá tener un discurso ideológico claro y evolucionado en el eje establecido entre izquierda y derecha, como ocurre con toda la socialdemocracia europea. Deberá preocuparse por la cohesión social, defendiendo los intereses de las clases trabajadoras y de las clases medias y atendiendo a los más desfavorecidos para protegerlos de la depredación del capitalismo. Garantía de derechos ciudadanos y guardián del Estado de Bienestar.
Continuamos con la O, de Obrero, para lo que hacerse extensivo, conforme a lo anterior, este concepto a toda suerte de profesionales, empresarios y autónomos y clases medias progresistas Y es que como decía el dramaturgo Lauro Olmo en su obra sobre el fundador del Partido: «Qué sería del PSOE / si le quitaran la O, / esa O que es la rueda / que lo mueve y lo fundó».
Y terminamos con la E, de Español, que comporta señalar cual es el modelo de Estado y la organización territorial por el que se apuesta. Si se mantiene, decididamente, el actual Estado de las Autonomías o si se opta por la conformación de un Estado Federal. Si se continúa con la monarquía parlamentaria para la Jefatura de Estado y si la república es algo irrenunciable.
Apuesta por los valores básicos: Con ser todo lo dicho hasta aquí condición necesaria, creo que todavía no sería suficiente a la hora de rehacer al PSOE para que resurja de sus cenizas cual nueva ave Fénix. Se deben asentar valores básicos, cimentados en la cooperación de las personas, frente al individualismo egoísta. Promover ciudadanos formados y responsables y no sumisos y dependientes. Y se elaborará un nuevo proyecto económico definiendo los sectores en los que se va a basar el futuro y potenciarlos sin descuidar ecología y calidad de vida. Responderá por ello a tales valores, organizando las actividades sociales y productivas que faciliten la convivencia libre y solidaria, orientada en el vivir y convivir más allá del capitalismo social y compasivo.
En tal sentido, la imprescindible ejemplaridad de la función pública debería ponerse de manifiesto con acciones del siguiente tenor:
—Desmarque rotundo de los casos de corrupción. Evitándose que vayan en las listas.
—No imbricación de cargos públicos en cargos empresariales.
—No acumulación de cargos en una misma persona o familiares.
—Limitación de los sueldos de los altos cargos políticos.
—Eliminación del amiguismo en la función pública.
El referente progresista: Entiendo, por esto último, que el mejor revulsivo frente a la extendida desafección de los ciudadanos de la política debería venir de la mano de una auténtica revolución ética, sirviéndose en odres nuevos los viejos principios fundacionales de Pablo Iglesias como son los de la apuesta por la libertad, la justicia social y la solidaridad, y por un valor tan descuidado en nuestros días como el de la honradez de las personas.
El cambio de rumbo en las políticas del PSOE es, pues, necesario, y deberá quedar bien claro ante los ojos de los ciudadanos la nueva dirección que se emprende, recomponiendo la identidad socialdemócrata perdida. Porque «nunca hay viento favorable para el que no sabe hacia dónde va». Se trata de recuperar todo el crédito perdido para que el PSOE vuelva a ser el gran referente para el conjunto de la sociedad española en general y de los sectores progresistas en particular.