Diario de León
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ESCRITOR
León

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Hemos alcanzado en España tan alto el grado de corrupción por saqueo, evasión o malversación de los caudales públicos, prevaricación, cohecho propio o impropio, falsificación de documentos, tráfico de influencias, bajas ultraincentivadas, abuso, superfluidad y pésima gestión en el gasto, etc., etc., descollantes en el menú noticioso de todos los días, que salpican ya hasta la propia Casa Real, desacreditada en popularidad y prestigio entre nos por recibir el primer suspenso de su historia en una reciente encuesta del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS). A las desvergüenzas contables «justas» y «legales» cercanas y recientes de Fernández e Isabel —pues en cargos y embolsamiento se lo han montado fetén tanto ella como él— hay que sumar el escándalo por negocios presuntamente delictivos a cargo del yerno del Rey, Iñaqui Urdangarin, ex jugador de balonmano (al que acaban de bautizar como «talón-mano») y duque de Palma por su matrimonio con la hija menor de los Reyes.

Fue conveniente tratar de encubrir los tejemanejes del duque enviándole con su familia a Washington de consejero de la Telefónica, como curiosa recompensa de exilio dorado. Previamente, Urdangarín había comenzado a trabajar en el 2002 en dos empresas de la editora Motorpress. Convenía colocar a los maridos de las infantas por cuenta ajena para no depender de las hasta hoy todavía nada transparentes retribuciones de la Zarzuela. El yerno del Rey compaginó este trabajo con otro al frente del Instituto Nóos, auténtica tapadera desde la cual fijaba unos precios totalmente desproporcionados por los servicios que prestaba a la Administración pública (Comunidades de Valencia y Baleares), con Diego Torres como socio principal.

La Fiscalía Anticorrupción de las Islas Baleares ha ampliado sus pesquisas a otras compañías con el fin de averiguar si están implicadas en los negocios particulares del duque de Palma usando el nombre de la Casa Real. Consta también que la infanta Cristina estuvo en el organigrama del Instituto Nóos durante los años en los que esta fundación sin ánimo de lucro facturó 10 millones de euros y al día de hoy sigue siendo propietaria del 50% de Aizoon, una de las empresas propiedad de su marido investigadas por la mencionada Fiscalía. Urdangarín se va a enfrentar seguramente a un sinuoso proceso legal que será largo y complicado, acusado de supuestos delitos de falsedad documental, prevaricación, fraude a la Administración y malversación de caudales públicos, con posibles consecuencias penales para su persona y todo un puyazo en el espinazo de la Monarquía. Veremos. Mientras tanto, el ingenio anónimo popular ya ha puesto a circular en la plaza pública con mucha sorna en estas Navidades el siguiente diálogo: —¿Le has pedido este año algo a los Reyes? —A los Reyes no, a su yerno.

La Casa Real se ha desmarcado por fin de las actividades del marido de la infanta y ha desglosado las cuentas de sus presupuestos. No obstante, el diputado del PNV Iñaqui Anasagasti —dicho sea de paso quien más incisivamente viene criticando desde su escaño la nula transparencia de las cuentas públicas de la Zarzuela— considera a ésta como verdadero patio de monipodio donde el mocetón vasco y su gentil esposa han aprendido a medrar por los enjuagues impropios de una familia respetable. Y si todos somos iguales ante la ley, como nos ha recordado su majestad en su homilía de Nochebuena, nos preguntamos: ¿por qué se ha tardado en imputar al duque si ya lo estaba hace tiempo Diego Torres, el socio y los responsables de la Ciudad de las Artes y de las Ciencias de Valencia, que firmaron los contratos con ese fundación tapadera sin/con ánimo de lucro? ¿Y la infanta?

Teniendo en cuenta las complejas ambigüedades, artimañas o argucias legalistas que puedan sobreseer o escudar los presuntos abusos o corruptelas contables de Urdangarín, Fernández, Carrasco, Camps, Correa, Muñoz, Del Nido… y tantos otros incontinentes ciudadanos a los que pido perdón por no nombrar para no hacer la lista interminable, sería preferible mudar de una vez por todas el Ministerio de Justicia por otro al que habría que sumar los conceptos de Ética y Transparencia. Porque, si bien se nos dice que estas conductas intolerables, y más en época de crisis, no trascienden de lo genuinamente económico con el visado de «legal», lo cierto es que sería mejor hablar de una perniciosa mudanza de valores. Mudanza de orden moral que, como una pandemia, infecta y contamina dando lugar a una sociedad desmoralizada y apartadiza de la necesaria ejemplaridad.

Una sociedad obsesionada por ver sólo el triunfo en los logros crematísticos, de vales sólo según cuanto acaparas; si bien hay gente tan pobre tan pobre que lo único que tiene es dinero. Una sociedad en la que los pobres son cada vez más numerosos y de solemnidad, pero, por desgracia, en muchos de ellos con la miserable aspiración en sus alienadas mentes de tratar de enriquecerse como sea y entontecerse con los reclamos que les asedian a todas horas. Una sociedad con ricos cada vez más opulentos y atrincherados en sus mansiones, que esconden tras sus muros tanta evasión fiscal como deslumbrante lujo. Una sociedad en la que quienes ostentan poderes (políticos, consejeros de empresa, directivos de entidades financieras…) se muestran cada vez más desvergonzados. Crisis de valores, en suma, que está cediendo el paso a un cinismo desahogado bajo la excusa de que todo el mundo pretende seguir la misma senda, porque no hay otra mejor para llegar más deprisa al edén de la felicidad y si no lo haces eres tonto del culo. Si no fuera así, nunca Berlusconi hubiera ganado tantas veces las elecciones en Italia ni Camps las recientes de la Comunidad Valenciana.

Los más osados y avanzados en la marcha forman la secta que, bajo el signo de lo espiritual, tanto han criticado la interpretación materialista o puramente economicista de la Historia. Pero son los mismos que nunca han ahorrado aferrarse al goce sin término de opulencias gratuitas, convertidos en capitalistas voraces y sin escrúpulos por repuntar más y más la satisfacción de sus últimas exquisiteces. Estos son los verdaderos materialistas del mundo, los bolcheviques de hoy. No son los adscritos al materialismo filosófico, no, sino a ese otro materialismo contagioso e insolidario que es el materialismo de los privilegiados, el materialismo del auri sacra fames, de la impía codicia del oro que ya decían los romanos.

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