Diario de León
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León

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No será algo que obsesione a quienes el subsidio del paro se les esfuma o a los que los hijueputas de los bancos están a punto de ejecutarles la hipoteca. Tal vez no sepan ni de la existencia de la Ciudad de la Energía. Pero a quienes la crisis todavía no ha logrado colgar de la barra de streptease puede que se pregunten morbosos estos días, en plena vorágine de nombramientos «marianos», que será de la todopoderosa jefatura de la Ciudad de la Energía. Quién sucederá a su siempre controvertido director general, José Ángel Azuara. El experto nuclear que llegó con vitola de comisario político y nunca se esforzó en sacudírsela se irá finalmente con la placa marchita, cosida a balazos por una legión de pistoleros que nunca imaginó tan tenaces. Sobre todo porque malentendió que los disparos sólo le llegarían de un lado de la calle y cuando se quiso dar cuenta en su prepotencia de tipo duro de la capital ya le llovía plomo por todos los costados.

De la supervivencia del inefable Azuara al frente de la Ciuden debería editar el PP un manual para entregar junto a la placa y a la nómina de cojones a su sucesor. Lo primero, precisamente, tratar de no ejercer de comisario, ni pasearse retador por las callejuelas de la macilenta Ciudad del Dólar. Hay mucho bandido suelto. Y eso incluiría no intentar llevarse por delante a todo el equipo del sheriff . Porque en la lista negra que los populares entregarán al sustituto aparecerán muchos carnés socialistas. Entre esas acreditaciones, sin embargo, lo cierto es que en la Ciudad de la Energía trabajan profesionales preparados ajenos a las colocaciones políticas, en las que realmente se pueden hallar auténticos inválidos, desechos de la gestión local y también primos, cuñados y colegas del coro de pandereteras del que Azuara logró rodearse.

El sucesor debería quedarse en cambio con la capacidad que el director de la Ciuden ha demostrado para poner en marcha y semimaterializar un proyecto en el que además de la distracción de la batalla política que él alimentó tuvo que vencer un gran recelo social, azuzado por quienes ahora deberán tirar del carro. Es cierto que con tanto dinero como ha dispuesto la empresa pudiera para sencilla. Pero la nómina de los estúpidos que con «pasta» han caído en el despilfarro y la inacción resultaría inacabable. De hecho casi nadie como el cuasisaliente, con tantos billetes en la caja, ha sido capaz de coleccionar tantos enemigos en tan poco tiempo.

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