Diario de León

LA 5.ª ESQUINA

Lo que cuenta es el mensaje

Publicado por
JESÚS Á. COUREL
León

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Con la resaca de nuevos impuestos aún por digerir, buenos serán homenajes para levantar el ánimo, que ya sólo nos queda emigrar a Raticulín. De ese apego a laurear egregios personajes, grandes conquistas y otras ficciones, salvaremos algunas propuestas meritorias, mientras otras perecerán a mayor gloria de unos «ajustes» que siempre pagamos los mismos. Honrar a alguien por la dedicación a sus congéneres no es injusto (y menos en estos tiempos de epopeyas domésticas), pero lo que realmente cuenta es el mensaje. Nuestra tendencia a personalizar diluye en muchas ocasiones la cuestión de fondo, que no es otra que las ideas que uno defiende. Estas navidades, Ramón Carnicer hubiera cumplido 99 años. Y lo hubiera hecho con muchos achaques, porque su vejez fue, en sus propias palabras, «un mal negocio» plagado de dolencias. Ramón no era partidario de homenajes, conferencias, presentaciones de libros, etc., aunque recibía con agrado las muestras de afecto cuando eran sinceras. Según cita en sus memorias, practicaba con diligencia aquellas virtudes que pedía Confucio: honradez, cortesía, higiene, disciplina y moral, al que sumaba un gran sentido de la solidaridad, junto a la práctica de buenas acciones con sus coetáneos, muchas de ellas guardadas como tesoros por aquellos a los que generosamente llegaron.

Este año celebraremos el centenario del nacimiento de Ramón Carnicer, un 24 de diciembre de 1912 en Villafranca del Bierzo. Habrá discursos, algún recital, varias charlas y quizá una placa conmemorativa, pero pocos podrán hablar de sus libros con la solvencia de haberlos leído. De sus 25 obras, será difícil encontrar alguna persona que las hayan leído todas, quizá porque sus escritos representan esa «literatura desamparada, frente a la rediticia de ganapanes y pedantes», como él definía el oficio de escritor en nuestro país (casi siempre al filo de la miseria), del que Cervantes era el mejor ejemplo pues «con sus obras, siendo él pobre, hizo rico a todo el mundo».

No es solo la figura de un intelectual como Carnicer lo que debemos reavivar aprovechando esta efeméride si es que podemos llamarlo así), sino los valores que él defendió pues, en su caso, lo hacía sin el habitual personalismo. Nunca se arredró a denunciar la injusticia, como cuando habló de la «nueva esclavitud» de los banqueros —que convertían en esclavos a sus clientes—, los nacionalismos, la falta de conciencia ecológica o el mal uso del lenguaje. De su pensamiento hablaremos a lo largo de este año, aunque les recomiendo que dejen sitio en la mesilla de noche para sus notables libros… Había que hacer algo.

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