León

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Me llama Germán González y me espeta: «¡Hay que creer en 2012»!, y le contestó: «Si creemos en la existencia de los marcianos y en la del Yeti, que no existen, ¿no vamos a creer en 2012 que es real?». No es que este leonés experto en motivación y liderazgo no perciba las inquietantes dificultades que el año plantea, simplemente, lucha porque estas no le dominen el estado de ánimo. Es un Phileas Fogg del vitalismo emocional, convencido de que podemos dar la vuelta a nuestro propio mundo interior, y por efecto del contagio positivo también al de los demás. Su convicción no es consecuencia de un gracejo leonés, suponiendo que existiese tal cosa, sino de elecciones de su voluntad a partir de todo aquello que la vida le ha enseñado. Si llega a encontrase en el Titanic cuando el barco hizo aguas, no habría perdido un minuto en reprocharse que debió coger el autobús, hubiese visto en la adversa circunstancia una excelente ocasión para mejorar su buceo. En efecto, hay que creer en 2012, pues conlleva hacerlo también en uno mismo, pero sobre todo en quienes queremos. El derrotista, y nadie lo es por gusto, acepta que no hay salida en el laberinto, y que tampoco la hay para nadie. Pero si el enemigo no es el mes de enero, ni ningún otro mes del calendario, entonces ¿quién o qué es? Lo siento, sólo soy un columnista.

Tengo un pariente que nada más comerse la última uva exclamó: «¡Uf, qué ganas tengo de que termine 2012! Tampoco es eso. Además, este año ya empezó hace meses, y posiblemente termine mucho antes del próximo diciembre. España saldrá adelante. León saldrá adelante. Y todos nosotros también saldremos, aunque con heridas de guerra, de las visibles y de las invisibles. Y un día, ay, todo lo aprendido en esta crisis será olvidado porque no habremos sido capaces de transmitir sus lecciones. Así viene siendo desde que el mundo es mundo.

En 2012, aquí estaremos, luchando contra el gran pez, como aquel viejo pescador de la novela de Hemingway. «Un hombre puede ser destruido, pero no derrotado», se decía. Por ello, hoy me iré a tomar unos vinos con Germán González, a brindar por este viejo año nuevo y por todo aquello que no admite recortes: el amor, la amistad y las buenas canciones.

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