LA VELETA
La catarsis socialista
De momento, el precongreso socialista está produciendo más desconcierto y desazón que ilusión y esperanza. Porque las derrotas, que nunca tienen padres conocidos, son muy difíciles de gestionar, y porque las heridas producidas por la triple débacle electoral están todavía en supurante carnazón. Así las cosas, la sensación más extendida en la familia política que acaba de ser bruscamente desplazada del poder es la mala conciencia: todas las adhesiones a uno u otro candidato incluyen una mirada compasiva de reojo al antagonista. Y la pregunta tácita de si valdrá la pena la disputa para recoger el magro botín de un partido desolado en la oposición que deberá reconstruirse lenta y trabajosamente y que, por ahora, tiene que cumplir lo mejor posible el ingrato designio de hacer valer con dignidad los votos que ha recibido. Por puro patriotismo y para atender el mandato de casi siete millones de votantes.
Además, los partidos, que siempre han funcionado como bien engrasadas oligarquías, tienen escasa experiencia en el manejo de la democracia interna, y parece inevitable que la contienda abierta deje secuelas. Las han dejado, en efecto, los escasos procesos de primarias desde que Borrell ganara a Almunia en aquella saludable confrontación previa a las elecciones generales del 2000. Y esta vez, el necesario debate ideológico se está eclipsando bajo la cuestión generacional: el maduro Rubalcaba tiene sobre todo una impresionante biografía, y la jovencsima Chacón, irrumpe con ímpetu y expectativas. Si Rubalcaba gana, el futuro tendrá que ser pronto pergeñado de nuevo; si la victoria es de Chacón, su recorrido será potencialmente mucho más largo.
En el debate ideológico, tanto Rubalcaba como Chacón proponen un giro a la izquierda, que está además en el signo de los tiempos. Ya es hora de decir alto y claro que la crisis financiera de 2008 y el ulterior período recesivo, que ahora experimenta una nueva recaída, es la consecuencia del fracaso estrepitoso de un sistema neoliberal desregulado en que los Estados hicieron dejación de su responsabilidad de supervisión y control para cerrar el paso a los parásitos especuladores y a los desaprensivos.
Así las cosas, y aunque también se ha abierto una especie de frente ideológico territorial —Rubalcaba sería el jacobino y Chacón la autonomista—, las federaciones socialistas se fracturarán casi sin excepción en los congresillos convocados para elegir a los compromisarios que acudirán al Congreso. Parece impensable una lista de integración, por lo que el vapuleado partido socialista tendrá que hacer tras el congreso y gane quien gane una rápida recomposición interna con un doble objetivo: abrir el debate serio, largo y profundo que no ha dado tiempo a realizar antes del Congreso y tomar los mandos de una rigurosa oposición.