EN BLANCO
Territorio mofeta
Cuando uno inicia el nuevo año, como este peliagudo 2012, es igual que adentrarse en territorio mofeta, un hábitat inhóspito y posiblemente contaminado por la banda marrana de políticos que no saben, financieros que saben demasiado y banqueros chupacharcos que son los principales responsables de que la incertidumbre personal y económica sea el símbolo por excelencia de nuestro tiempo. Una vez solventada la tregua navideña con el consiguiente aluvión de festejos familiares, soniquetes loteros y otros dislates varios, es hora de pasar el durísimo test del turrón y afrontar un panorama para el que las diversas partes contratantes no acaban de ponerse de acuerdo acerca de la purga de Benito que se precisa para salir del hoyo. En fin, no vamos a ponernos en plan trágico, pues hay cosas peores que ser españoles en general y leoneses en particular. La cosa viene de antiguo, según demuestra una poesía publicada en este mismo periódico allá por el mes de enero de 1907, cuando al parecer la máquina política de fastidiar al prójimo funcionaba igualmente a plena insatisfacción del pueblo. La entrañable rima asegura: «Dice la gente/ que todo anda mal/ pues se respira en la calle/ un malestar general».
Nunca tuve tentaciones redentoristas, pero es hora de aportar a nuestros lectores un programa de superación personal que ayude a alegrar las pajarillas. Así que les voy a aclarar las ideas sobre los recurrentes buenos propósitos que debemos encarar a la hora de subir el telón del nuevo ciclo vital. En primer lugar, no vendría mal seguir durante cierto tiempo la sabia dieta del cucurucho que recomienda comer poco y caminar mucho. Ya lo dijo Confucio, o su primo, al igual que insistía en el imperativo de dejar de fumar de una puñetera vez. Eso son otros Lópeces que conviene valorar en la intimidad del confesionario doméstico. Pero hagan lo que hagan, sean felices y como dice la canción… a disfrutar.