Diario de León

ASUNTOS INTERNOS

Urdangarin y la honradez

Publicado por
J. A. GUNDÍN
León

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Como las viejas tejedoras parisinas que muy de mañana ocupaban las sillas de primera fila ante la guillotina para contabilizar el número de cabezas aristocráticas que segaba la cuchilla, media España está asomada a la ventana para disfrutar del espectáculo de Iñaki Urdangarin ante el juez. Hasta cierto punto es comprensible que las pasiones se desborden y que los patios de vecindad, o sea las televisiones, parezcan una berrea de venados en celo. No todos los días se ve a un duque camino del juzgado, que es la versión moderna de María Antonieta camino del cadalso. No obstante, debajo de tanto bullicio no sólo late un ajuste de cuentas con los ricos, guapos y famosos, que es el deporte favorito de los españoles. También asoma sus agujas de tejer ese republicanismo tricolor de cajón de sastre que lo mismo sirve para la derecha dura que para la izquierda asilvestrada. La mera insinuación, por infundada que sea, de que el Rey o el Príncipe podrían estar en la pomada excita tanto la salivación republicana que hay peligro de ahogamientos. Nada de todo esto, sin embargo, le preocupa gran cosa al mileurista, a la cajera del súper, al funcionario o al ama de casa. Lo que siente la mayoría de la gente es una honda indignación por el deterioro ético y moral de las instituiciones (ayuntamientos, diputaciones, autonomías) y por la venalidad de unos gobernantes sin un gramo de honradez. Resulta inaudito el número de logreros, oportunistas y salteadores que han proliferado con dinero público, en una piñata incesante y en una rebatiña a tiempo completo. Que Urdangarín sea inocente o culpable a los ojos de la Justicia no es lo relevante, sino que su conducta como empresario no ha sido ejemplar ni es un modelo para las jóvenes generaciones. Lo más deplorable de este caso es que desprestigia a los miles y miles de empresarios españoles que trabajan duro, son honrados, crean puestos de trabajo y no aceptan nada que no se hayan ganado honestamente. Frente a los parásitos, los aprovechados y los indignos gestores que malversan el dinero público, reivindico al empresario cuyo esfuerzo y responsabilidad evitan cada mañana que este país se vaya a la mierda. Él es el auténtico aristócrata de esta sociedad humillada y ofendida.

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