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PEDRO VICENTE
León

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Ese fatídico principio de la Ley de Murphy según el cual todo lo que es susceptible de empeorar, acaba empeorando, no siempre resulta inexorable. Si tenemos decisión y arrojo para encarar la adversidad, es posible que consigamos sobreponernos a la desdicha. Pero lo que es seguro es que si nos abandonamos a nuestra suerte, la fatalidad será impepinable.

Viene esto a cuento de la crítica situación en que se encuentra Caja España-Caja Duero, esa que iba a ser la entidad de ahorro de referencia de esta comunidad autónoma. Ese pretendido papel se esfumó hace tiempo, antes incluso de que se consumara la fusión de las dos cajas primitivas. La insolvencia financiera y profesional de los antiguos y nuevos gestores combinada con el nefasto dirigismo político anterior y posterior arruinó muy pronto aquellas expectativas. Y entre las dudosas opciones de supervivencia, la absorción por la andaluza Unicaja fue considerada como la menos lesiva. Quedar reducidos al 30 por ciento de una caja-banco radicada en otra comunidad autónoma significaba un fracaso político-financiero en toda regla. Aun así tuvimos que soportar que los responsables de ese fracaso nos vendieran pulpo como animal de compañía, asegurándonos que la operación resultaba altamente ventajosa para los intereses castellanos y leoneses.

El hecho es que, resignados, habíamos asumido ya esa frustración, olvidándonos de la fatídica Ley de Murphy. Hasta que las condiciones fijadas por la reforma financiera del gobierno Rajoy han agudizado la insolvencia de España-Duero, cuyo «descubierto» se eleva ahora a 1.140 millones de euros. Y es aquí cuando Unicaja condiciona la absorción definitiva a un reajuste de las cuotas que puede dejar el 30 por ciento previsto por debajo del 25, porcentaje en el que se situaba la minoría de bloqueo en el futuro banco compartido. La otra opción sería romper con Unicaja y dejarse «nacionalizar» por el Banco de España para su posterior adjudicación a uno de los grandes grupos bancarios. Horca o cuchillo. Ésta es la elección.

La decisión no la va a tomar ni el presidente de la caja, Evaristo del Canto, ni mucho menos un Consejo de Administración que no pinta nada, como bien ha puesto de manifiesto la consejera Isabel Carrasco (si a ella, con todo su poder, le ningunean, no digamos a los que no tienen otra pretensión que la de cobrar la correspondiente dieta…). La decisión la tomarán —de hecho, ya la han tomado— los máximos dirigentes del PP y el PSOE, esto es Juan Vicente Herrera y Óscar López, máximos responsables del desdichado proceso que ha conducido a este penoso final. Y ambos prefieren la claudicación definitiva ante Unicaja al oprobio de una «nacionalización» con la que no podrían disimular su inapelable fracaso.

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