EN BLANCO
Pedro del Castro
Por razones de simpatía y afinidad, reconozco sentir una especial querencia hacia la barriada de El Ejido. Un lugar sabrosón, de raigambre rural hasta hace no demasiado tiempo, donde el Regimiento de Burgos iba a realizar sus prácticas militares en verano. Los menestrales se jugaban la merienda en disputadas partidas de tarusa y rayuela, concluyendo el envite con pantagruélicas comidas preparadas en «El Nalgas». Los tiempos fueron cambiando, naturalmente, y en una sala de fiestas sita en aquellos parajes vi hace años a un joven y dentudo Julio Iglesias, al que bien le hubiera venido uno de esos apaños capilares que prodiga en su barbería Casimiro, toda una institución en el barrio ya que se le considera el maestro de tijera que mejor te dibuja la patilla de todo León. Nos acercamos al tiempo de Pasión, así que el protagonismo de este domingo recae en la cofradía de Jesús Divino Obrero, que cuenta con muchos galardones en su brillante currículo. Entre ellos, el de ser la primera hermandad de la ciudad en crear, allá por 1959, su propia banda de cornetas y tambores. O el de organizar la emotiva procesión del Encuentro, el Domingo de Pascua, que dispara los estímulos emocionales.
No se queda atrás en cuanto a méritos el grupo San Pedro del Castro, una alianza de entusiasmos cuya labor consiste en recoger y transmitir las costumbres de los pueblos que se habían olvidado; entre ellas, las de su barrio, Puente Castro, que a pesar de pertenecer a León alberga tradiciones similares a las de la Sobarriba. Juntos los de Jesús Divino Obrero y San Pedro del Castro ofrecen hoy La Pasión hecha canción , un acto que evoca la memoria de nuestros mayores, recordando cómo se vivía la Semana Santa décadas atrás. La representación plasma el incansable trabajo de recopilación llevado a cabo pueblo a pueblo y puerta a puerta, hasta redondear una auténtica maravilla que no pueden perderse.