CON VIENTO FRESCO
Fusiones sí o sí
Una golondrina no hace verano pero a veces lo anuncia y nos reconforta. La fusión voluntaria —al parecer la primera desde hace cuarenta años en Galicia— de los municipios coruñeses de Cesuras y Oza dos Ríos es una buena noticia, no sólo por las ventajas económicas y sociales que seguramente obtendrán sus vecinos, sino porque animará a otros a hacer lo mismo. A veces, cuando la opinión pública es favorable, lo difícil es dar el primer paso. De hecho ya se anuncian otras fusiones en esa comunidad: Curtis y Vilasanta, Foz y Valadouro, Ames y Boqueixón. Los fusionados la semana última no son dos municipios pequeños, de hecho ambos superan los 2.000 y 3.000 habitantes y juntos los 5.500. Galicia no es la comunidad con mayores problemas en esta materia; pero su presidente, Nuñez Feijóo, afirma que no tiene sentido mantener 315 municipios en 29.565 kilómetros cuadrados y con sólo dos millones setecientos mil habitantes.
Si esto piensa Feijóo ¡qué diremos de España y sobre todo de Castilla y León! España cuenta con 8.116 municipios, de los que más del 70% no llega a los 2.000 habitantes; sobran, con un criterio semejante al gallego, la mitad o las dos terceras partes. Si hablamos de Castilla y León, con 2.247 municipios de los que casi 2.000 tienen menos de mil habitantes con una población que apenas supera los dos millones y medio, sobran el 80%. Sólo León tiene 211 municipios, de los que 142 no alcanzan los 1.000 habitantes, y la mayoría de estos menos ni siquiera los 500. ¡Esto si que no tiene sentido! Pero nadie quiere ponerle el cascabel al gato y acabar con tanto ratón que vive, o mal vive, a costa de unos presupuestos cada vez más exiguos. Quizá lo ocurrido en Galicia sólo sea consecuencia del buen sentido de dos alcaldes del PP, partido que gobierna en la comunidad; pero por algo hay que empezar: por el sentido común.
El presidente del la Junta, Juan Vicente Herrera, se queja de que «hay un movimiento social» en contra del Estado autonómico, pero el primero que habla de la necesidad de reformarlo es Mariano Rajoy, porque, sin negar los aspectos positivos que la descentralización ha jugado en la mejora de algunos servicios —al fin y al cabo puede entenderse como aplicación del principio de subsidiaridad—, hay muchos aspectos que deben ser reformados. Algunos ya se están poniendo en práctica por la crisis: control del déficit, cierre de empresas públicas, reducción de cargos de confianza, ahorro en coches oficiales, etcétera. Creo que la fusión municipal, aunque suponga privar de sus prebendas a algunos políticos, es la más fácil, la menos costosa y la más rentables de las políticas autonómicas en estos momentos. Hay que propiciar las uniones voluntarias o, por ley, imponerlas; como, por otra parte, han hecho algunos países europeos. ¡Los ciudadanos lo agradeceremos!