León

Creado:

Actualizado:

Genarín moverá muchos acólitos pero no hace milagros con su presupuesto, salvo que se considere como tal ver doble. Los organizadores advierten que necesitan subvenciones y patrocinios para los gastos indispensables, y que de no conseguirlos peligra esta traca de orujo y tumbos. Soy poco de estas juergas vitriólicas, ya lo he escrito en otras ocasiones. Cuando el Real Madrid gane esta liga lo celebraré con un brindis, pero sin estridencias. Lo mío es el mosto. Y el Jueves Santo mi corazón estará en otros lugares. Pero sí, este año parece que el jolgorio peligra. Cuesta creer que no logren recaudar en cuatro tardes lo necesario, a poco que pasen el escanciador por el Húmedo. Lo cierto es que depender de apoyos económicos conlleva cierta distorsión del festejo, pues su gracia radica en lo que tiene de estrambótico y de fuera de lo establecido. Las novelas de Lafuente Estefanía son lo que son, no tiene sentido editarlas en tapa dura. Y justo es recalcar que no se debe a los organizadores que la intención original —literaria, gamberra y libertina— haya pasado a segundo lugar ante el culto a la cogorza colectiva. España da a San Juan y a Santa Teresa, pero también a Buñuel y a Valle Inclán. Y no comparo, constato. Es a dichos aspectos burlescos literarios a los que deberían otorgarse ayudas. Para todo lo demás, la mitología tabernaria sobrevive mejor sola, como los chistes.

También he leído que Genarín respalda la huelga general. Toma del frasco. El pellejero no puede respaldarla porque como personaje representa todo lo que queda fuera del sistema. Tampoco es un Che de las tascas, o un indignado. No ha votado al PP, ni al PSOE. Nunca pertenecería a un sindicato, ni —como Groucho— a ningún club que admitiesen gente como él. Hoy es un fantasma solitario a quien le han robado su sábana en el Hogar del Transeúnte. Un personaje secundario a quien Galdós habría salvado, por misericordia, en la última página.

A Genarín no hay que demonizarlo, sino jerarquizarlo correctamente en lo que es: una manifestación de una cultura popular que viene desde muy lejos, no siempre atea, aunque sí irreverente y chusca. Porque somos un país extraño y paradójico. ¡Hay quienes creen en Dios y aún no lo saben!

Cargando contenidos...