LA VELETA
Alarmas en abril
La dificultad inesperada que encontró la deuda pública española el pasado miércoles santo en los mercados, confirmó que el gesto adusto de Bruselas al conocer los Presupuestos 2012 no fue sólo un rastro de esnobismo europeísta sin fundamento: hay malestar por el retraso en la presentación de las cuentas públicas, cuya tramitación por el procedimiento ordinario se adentrará en el mes de junio; por el excesivo énfasis en el recorte de la inversión; por la amnistía fiscal, de resultados inciertos; por no haber subido los impuestos indirectos; por ciertas incoherencias en la política fiscal como la recuperación de las desgravaciones a la compra de vivienda, que fueron el fundamento de la burbuja inmobiliaria. Tampoco acaba de convencer en Europa la reforma interminable del sistema financiero español.
De Guindos intentó apagar fuegos en plena Semana Santa con sus declaraciones a la prensa alemana. hasta que llegó el lunes de Pascua, cuando el temor a que ayer, martes, las malignas fuerzas del mercado se arrojaran sobre nuestro país, hizo cundir el pánico. Un artículo de Luis Garicano —profesor en la London School of Economics y miembro de Fedea— y otros dos economistas contribuyó al realismo con su crudo relato de la situación.
El relato es pintoresco: De Guindos lanzaba tímidamente por la mañana la posibilidad del copago en Sanidad, el bisoño secretario de Organización del PP, Floriano, le rectificaba con malos modos, y a media tarde Presidencia lanzaba una lacónica nota, mal redactada y confusa, titulada «Reunión del presidente del Gobierno con su equipo económico», en la que se anunciaba, además de renovado rigor en el control de los déficit autonómicos, un nuevo recorte en Sanidad y Educación de 10.000 millones de euros. Al parecer, 7.000 de ellos serán en Sanidad. Lógicamente, los mentideros políticos y periodísticos se incendiaban. Y todo indica que este apresuramiento al dictado de los mercados no ha surtido efecto alguno: la prima de riesgo seguía ayer en máximos. Lo que no significa en absoluto que el rescate esté próximo: de momento, el precio de los créditos es asumible, por lo que el nerviosismo es, en parte, relativamente infundado.
Produce, sin embargo, desazón y alarma la peripecia gubernamental, con idas y venidas, improvisaciones, clara desconexión con la Comisión Europea —con la que habría que buscar complicidad— y con los gobiernos de los principales países —con los que se deberían realizar frecuentes consultas—. Y es inquietante que el Ejecutivo no trate de empezar a tender puentes con las restantes fuerzas políticas y con las autonomías.
Hoy intervendrá Rajoy en el Parlamento, y sería muy deseable que entregara a la opinión pública —y por tanto a los mercados— una hoja de ruta solvente, convincente y definitiva, al tiempo que brindara cooperación política a todos. La situación es lo bastante grave como para anteponer el interés general a la reconcentración partidista.