EDITORIAL
En la violencia de género sólo vale el final
Las estadísticas de la violencia de género se han ido convirtiendo en una especie de rutina que amenaza con pasar desapercibida para la sociedad a pesar de que detrás de los fríos números se esconden dramas y tragedias personales que tienen nombre y apellidos.
El consuelo sobre que los datos evolucionan positivamente porque se produce un menor incremento en el número de casos no es aceptable en ningún caso. Y es que además los números sólo registran en muchas ocasiones los datos de denuncias efectivas, tantos realizadas por la propia víctima como a través de atestados policiales. Y detrás de todo esto existen los dramas o tragedias silenciosos en los que ni siquiera existe ningún tipo de apoyo para la víctima.
La violencia de género presenta frentes realmente alarmantes como los que se han desvelado recientemente sobre adolescentes y jóvenes que la sufren desde una temprana edad y lo que es más grave lo aceptan como algo normal . Si en el pensamiento de los que se aventuran en la sociedad por primera vez se considera que sufrir violencia a manos de la pareja es algo asumible es que durante las últimas décadas o años no se ha acertado a avanzar por el camino correcto en una materia en la que tolerancia tiene que ser siempre cero. No hay ningún tipo de estadística aceptable por la sociedad que no incluya un «cero» como resultado final. Cualquier caso, cualquier violación de la integridad física o mental de toda mujer tienen que se condenable desde todos los frentes de la sociedad.
En lo que va de año ya han fallecido doce mujeres a manos de sus parejas o ex parejas y ninguna había presentado previamente una denuncia. Es un dato dramático que desvela que existe mucho sufrimiento oculto que sólo sale a la luz cuando ya no existe solución para ese caso. La sociedad debe estar vigilante con qué valores está transmitiendo.