Diario de León

FRONTERIZOS

Dos nombres para un 14 de abril

Publicado por
MIGUEL Á. VARELA
León

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Porque es abril y comparte uno la aversión contra los números redondos del maestro Vila-Matas recordamos que mañana es 14 y que hace ochenta y un años en este país se proclamó una República que fue recibida con júbilo y esperanzas. «Demasiadas esperanzas», han dejado escrito Álvarez Oblanca y Secundino Serrano en un libro sobre ese periodo en la provincia.

Pero como es abril y 14 y nos caen mal los números redondos, es necesario recordar a aquellos que creyeron sinceramente en una República democrática, plural y modernizadora, ahogada por un iluminismo que acabó en aquella guerra en la que «ser decente era muy difícil y ser un canalla era muy fácil». Personas como Ángel Pestaña o Francisco Puente Falagán, anarquista uno, socialista otro, bercianos ambos.

Desde la autoridad que le daba su entrega a la causa anarcosindicalista, Pestaña puso todo su empeño en la defensa de aquella República y en priorizar su espíritu como oportunidad de fortalecimiento de las reivindicaciones de los trabajadores, frente al sector faísta, más interesado en utilizar al nuevo régimen como palanca para un proceso revolucionario. Fracasó en su razonable intento y fue expulsado del sindicato anarquista, aunque mantuvo su posición pro-republicana hasta el final, como diputado del Frente Popular.

Francisco Puente Falagán, que había constituido a mediados de los años veinte la primera agrupación socialista en Ponferrada, fue el primer alcalde republicano de Ciudad del Puente. Su actuación estuvo marcada por un avanzado concepto de la política como servicio público, recuperando la gestión municipal del agua y emprendiendo acciones sociales, urbanísticas y patrimoniales de gran calado. En su programa incluyó propuestas tan avanzadas para la época como la de hacerse cargo de la custodia del Castillo o repoblar forestalmente Montearenas.

Su gestión fue zancadilleada por sus propios socios republicanos; sufrió cárcel tras la revuelta de 1934, con la que no estuvo de acuerdo, aunque mantuvo la disciplina de partido; y su desencuentro con el radicalismo largocaballerista le desplazó de un escaño en el Congreso para el que había sido elegido candidato por las bases socialistas. Antes de morir dejó redactadas unas interesantes memorias, base de una biografía divulgativa publicada por Helena Fidalgo, por cuya difusión nadie —ni siquiera el PSOE local, tan cicatero con su propia historia— ha mostrado interés.

Son dos nombres para un 14 de abril sin números redondos. Ambos fueron fieles a unos principios políticos tan alejados del sectarismo como de la tentación totalitaria. Ambos vivieron humilde y honradamente. Y ambos pueden representar la memoria modélica de una República que pudo haber sido y no fue.

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