CON VIENTO FRESCO
La fuerza de la unión
Largas colas de carros en las cunetas esperando, a veces durante horas o días, a un comprador al que vender sus uvas. Ésta es una imagen que tengo grabada de mi niñez; también era el fatal destino de muchos pequeños propietarios, que con grandes sacrificios lograban sacar adelante su producción. La poca demanda, o mejor los avispados bodegueros que se ponían de acuerdo para bajar los precios, obligaba a aquellos campesinos a malvender sus uvas. Tales prácticas enriquecían a los empresarios y vendedores de vino, y condenaba a los propietarios de tierras a veces incluso a la pobreza.
El cooperativismo fue entonces una buena alternativa. Era una práctica más antigua, pero por estos pagos la impulsó el franquismo el pasado siglo, como su mejor política social. La primera cooperativa de vinos se creó en Camponaraya en 1963; ese mismo año nacía la de Cacabelos y en los siguientes las de Villafranca (1964), Cabañas Raras (1965), Ponferrada (1966 y Arganza (1967). Estas cooperativas no sólo mejoraron la condición social de los pequeños propietarios, fueron además el mejor aliciente para mejorar la calidad de los vinos bercianos y su comercialización. Aunque no todos, muchos vinos se embotellaron bajo marcas como Fontousal, Señorío del Bierzo, Naraya, Gran Bierzo, Padorniña, Don Mariano, Cabañas Oro.
Las cooperativas fueron también, aunque no las únicas, que consiguieron la Denominación de Origen Bierzo en 1989, hecho de una enorme trascendencia; pues ésta fijó los tipos de uva genuinos: Mencía y Garnacha (tintas), Doña Blanca, Godello, Malvasía y Palomino (blancas); y, a través de los veedores, vigiló las cosechas y la elaboración de los vinos. La D.O. y las Ferias del Vino, que impulsó el Consejo, han dado a éstos una enorme proyección a nuestros caldos. Hay que mencionar igualmente la labor encomiable de muchas bodegas privadas que se crearon desde entonces, y cuyas marcas traspasan nuestras fronteras y logran premios en concursos nacionales e internacionales.
Las compras de viñedo y su concentración llevaron a pensar que el cooperativismo estaba herido de muerte. No es así. La pequeña propiedad sigue siendo un complemento de muchas economías familiares, sobre todo ahora con el paro y la crisis económica. Por eso es necesario el cooperativismo, pero tiene que modernizarse tanto en la gestión de la producción como en la comercialización de los vinos. Los proyectos de fusión de cooperativas es positivo, y la Junta apuesta estos días por ello. Hay reticencias. Si son porque se han hecho precipitadamente las cosas tiene remedio; si es porque algunos gestores miran más hacia sus intereses personales que a los de sus asociados, mal vamos. Recordad el origen del cooperativismo y la fuerza de la unión.