EDITORIAL
Demografía, del cálculo a la realidad
El Fondo Monetario Internacional acaba de hacer público un controvertido informe en el que propone vincular el aumento de la edad de jubilación automáticamente a la longevidad, recortar las prestaciones públicas futuras y compartir los riesgos con planes privados de pensiones para controlar el aumento de los costes debido al envejecimiento. Advierte el FMI del riesgo financiero que supone que para el horizonte del 2050 el promedio de vida se prolongue tres años sobre el actual, ya que los costos de envejecimiento aumentarían un 50%, amenazando la sostenibilidad de las pensiones públicas.
Reprueban los técnicos de ese organismo a los demógrafos, que habrían equivocado sus previsiones de longevidad media de los seres humanos, unos tres años más elevada sobre lo previsto. Lo hacen sin reparar en que ese escenario que perfilan para el 2050 ya es realidad casi cuarenta años antes en nuestra provincia.
En León hay un trabajador por cada beneficiario de una pensión pública, sólo trabaja uno de cada tres habitantes, la esperanza de vida ha crecido cuatro años en la última década, hay 50.000 pensionistas más que en 1982 y la previsión a diez años vista es que tengamos 35.000 trabajadores menos y 5.000 pensionistas más.
Al hecho de que los costes para la Seguridad Social como consecuencia del envejecimiento poblacional seguirán creciendo habría que sumar que la inmigración seguirá gravando al Estado de bienestar y que los gastos en atención social, sanidad y educación deberían incrementarse, sobre todo en investigación y desarrollo para evitar que el país quede rezagado en el mercado global.
No parece saludable evitar estas consideraciones y plantear, calculadora en mano, que la aspiración de longevidad que nos es común sea ahora un problema. Quizá sí que haya organismos parasitarios que, como el FMI, nos priven de una vida más despreocupada y de una mejor salud.