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pedro vicente
León

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El congreso autonómico del PSOE se ha atenido fielmente al guión establecido por Óscar López, quién ha ejercido su influencia desde Ferraz para dejar a cargo del partido en Castilla y León a un sucesor de perfil bajo y supeditado a sus intereses. Es el caso del palentino Julio Villarrubia, un político sin escaño en el Parlamento autonómico (es diputado del Congreso), circunstancia que le permitirá a López seguir ejerciendo sin interferencias el puesto de portavoz parlamentario que ha querido compatibilizar con la Secretaría Federal de Organización.

En la realidad no se trata de ninguna bicefalia, puesto que en la práctica Villarrubia no pasa más que a ser un simple administrador de los marrones internos del partido en la comunidad. López seguirá marcando la pauta del PSOE de Castilla y León, reservándose incluso la posibilidad de volver a ser el candidato a la presidencia de la Junta en el 2015, opción que, eso sí, sólo ejercerá en el caso de no disponer en ese momento de otro destino más acorde con su vocación política, que, como bien se ha demostrado, no es otra que la de hacer carrera en Madrid. Más que bicefalia, lo que hay es una completa disfunción: Un nuevo secretario autonómico, ausente de las Cortes de Castilla y León y con obligaciones en la Carrera de San Jerónimo, y un portavoz socialista en el Parlamento de la Comunidad que sólo ejerce como tal durante las sesiones plenarias, ya que sus responsabilidades en Ferraz le impiden mayor dedicación. Un caprichoso reparto de papeles que, como ya se ha dicho, deja además en el limbo el cartel electoral en el año 2015.

Pese a que la mayoría del partido ha tragado dócilmente con este apaño, no ha faltado una minoría crítica con la actuación de López, en cuyo balance aparecen cuatro derrotas electorales, cuatro, a cual más contundente, así como las enconadas crisis internas que arrastran los socialistas de León y Zamora. Su mandato al frente del PSOE de la Comunidad ha sido refrendado en este congreso por el 75,5 por ciento de los delegados, porcentaje notablemente inferior al 96,36 con el que resultó elegido en el 2008. A tenor de este dato, puede decirse que su despedida de la secretaría autonómica se ha producido con más pena que gloria.

Lo peor es que López deja como herencia un partido cada vez más alicaído que tiene por delante unos congresos provinciales bastante agitados en varias provincias. Y no sólo en León, donde se dirimirá el pulso que mantienen los dos sectores abiertamente enfrentados, o en Zamora, la otra provincia en la que la crisis interna abocó a la constitución de una gestora. En Valladolid el fraccionamiento de la militancia es tal que se perfilan hasta cuatro precandidatos dispuestos a optar a la secretaría provincial.

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