Diario de León
Publicado por
MIGUEL Á. VARELA
León

Creado:

Actualizado:

Pepe Carvalho empezó a trabajar como detective privado en la España de las postrimerías del franquismo. Su autor generó un modelo de personaje inédito en la narrativa española, heredero de los maestros norteamericanos del género pero con una potente personalidad propia absolutamente original.

A principios de los ochenta, autor y personaje anduvieron por el Bierzo. El detective protagonizando una investigación sobre la desaparición de la Carrasca en plena recuperación del carnaval popular, mucho antes de que esa fiesta transgresora acabase en el convencionalismo infantiloide que es actualmente. Y el autor en una maratoniana jornada en la que firmó unos (pocos) libros, conferenció y visitó los cielos abiertos de Igüeña.

El de la Carrasca (la de Gil: nada que ver con la doña del Palacio de los Guzmanes) fue un caso sencillo para el cachazudo y escéptico detective, que aprovechó el viaje para ampliar su cultura gastronómica y probar vinos entonces poco conocidos y en general alejados de la solvencia actual de los caldos bercianos. Carvalho adquirió también aquellos días un ejemplar de El Señor de Bembibre que quemó ceremoniosamente en su chimenea mientras compartía con su vecino Fuster un orujo helado de Cacabelos.

El personaje de Montalbán dio juego en un tiempo y en un país que vivía intensos cambios con expectación y esperanza. Su mirada fría y descreída ofreció un contrapunto distanciado de las alegrías de aquellos años, en las que se iban depositando los polvos ahora convertidos en lodos. Pero en este barrizal de país que actualmente tenemos, encaja mucho mejor otro perfil de detective como el que ha creado Eduardo Mendoza, tan pobre y disparatado que ni nombre tiene, aunque vaya ya por su cuarta entrega novelesca.

Antiguo inquilino de un psiquiátrico, adicto a la Pepsi-Cola, pobre como una rata, el detective aficionado de Mendoza se mueve como pez en el agua en un país absurdo, raquítico y hambriento como el Madrid de Valle Inclán, más cercano al disparate satírico berlanguiano que a la épica de la novela negra.

El pobre diablo de Mendoza está pidiendo a gritos una aventura apócrifa en el Bierzo como la que tuvo su colega Carvalho, pero más próxima al decálogo que ayer mismo ofrecía en estas páginas el joven maestro Carlos Fidalgo. Una investigación, por ejemplo, de la repentina desaparición de vírgenes. Con la colaboración de un ex cura que colgó los hábitos después de ser nombrado empresario del año, el detective logra averiguar que se habían refugiado en lo alto de la Aquiana acompañando a la de la Quinta Angustia, temerosas de que se extendiera por los valles la propuesta cacabelense de ser nombradas alcaldesas.

— ¡Que se coman ellos ese marrón!, dicen que decía la de la Encina.

tracking