CON VIENTO FRESCO
Villalar de los políticos
Aunque la teoría marxista del Estado es errónea, tanto en lo que se refiere a su origen (Engels) como a su concepto (Marx), ciertos hechos, como usurpación violenta de YPF-Repsol por el gobierno argentino, parecen darle la razón (el Estado como aparato de coerción de clase). En realidad, lo que tal acto despótico sugiere es justamente lo contrario, la ausencia del Estado tal como se ha configurado desde la Edad Media, es decir como una sociedad política organizada que, en un largo proceso histórico, ha creado y definido rasgos propios: soberanía, supremacía del Derecho, organización y división de poderes, principio de legalidad, reconocimiento y garantía de las libertades. El Estado es una institución histórica que algún día será superado; pero como ocurre en algunos países africanos y americanos hoy, no por una vuelta al feudalismo o las bandas armadas que someten a la población al pillaje y la extorsión, apelando al populismo o a un nacionalismo patético.
Por desgracia la desintegración del Estado, que no su superación por entes supraestatales aún en estado embrionario, es un peligro que amenaza incluso a viejas naciones europeas, como España. También en nuestro caso, la creación y consolidación del Estado moderno fue un largo proceso no exento de obstáculos por la dificultad de soldar aquella España de los cinco reinos y acabar con los privilegios señoriales y forales. El nacionalismo periférico y un sedicente socialismo, para el que la nación es un hecho discutido y discutible, han ido desvertebrando el país que, con la crisis económica que vivimos, no sabemos en qué va a parar. Las diferencias territoriales son evidentes y eso entraña desigualdades para unos ciudadanos respecto de otros. A las diferencias de clase se añaden las territoriales.
El Gobierno popular se ha encontrado con un problema de dimensiones inauditas, que le desborda. Sabe cuáles son las medidas más justas y eficientes que debería tomar, por ejemplo limitar el Estado Autonómico; pero está atado de pies y manos porque el virus del nacionalismo, atemperado como regionalismo, ha inoculado las venas de muchos de sus conmilitones. En lugar de políticas de ahorro en el gasto estrictamente político (parlamentos autonómicos, diputaciones, asesores), el gobierno de Rajoy aplica recortes sociales, que deterioran la calidad de vida de trabajadores, funcionarios y jubilados; y los grava con nuevos impuestos, quizá necesarios ante tanta deuda. A Villalar no acuden hoy los ciudadanos de León y de Castilla, no porque no se identifiquen con la la gesta comunera, sino porque ven tal acto exclusivamente como una fiesta de los políticos, que celebran el invento del que viven. En esto no hay grandes diferencias entre ellos.