Diario de León
Publicado por
MANUEL ALCÁNTARA
León

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Quienes no hacemos ni viajes secretos ni safaris de lujo tendremos pocas cosas que ocultar. El perdón, que es lo único que en cierta manera modifica el pasado, se nos niega también, ya que no tenemos nada de lo que arrepentirnos.

Las medicinas dejan de ser gratis para todos los pensionistas, que se consolaban mucho leyendo los prospectos y acumulándolas en ese botiquín que tenemos todos en el cuarto de baño.

Está en juego el euro y hay que seguir tomando medidas aunque no demos la talla. Ni con las cosas de comer, ni con las cosas de curarse, se debe jugar.

Habrá menos en las tiendas y en las farmacias, donde se decía que había de todo. Malos tiempos para los pensionistas y pésimos para los que no pueden serlo en el futuro.

Están pisoteando el hormiguero. Incluso se les piensa cobrar a los extranjeros, que el año pasado le costaron al «sistema», que somos todos nosotros, 1.000 millones de euros

La culpa es tan pesada que nadie quiere cargar con ella. El gran Castilla del Pino la estudió en un libro demasiado profuso y Pitigrilli, que según Ramón Gómez de la Serna, firmaba así para poder poner los puntos sobre las íes, propuso un ejemplo.

Preguntó a un grupo de amigos quién era el culpable de la muerte de un señor que, estando en su casa a eso que se llama altas horas de la noche con su señora, recibió la llamada de su amante, a la que le urgía verle. El hombre salió y se encontró en la oscuridad con un ladrón, que además era asesino.

¿Quién tuvo la culpa de su muerte? Unos dijeron que él mismo, que era un adúltero. Otros, que el alcalde, que tenía la ciudad mal iluminada, y otros, que la amante, que era, además de inoportuna, pesadísima.

No. Ninguno. El único responsable de la desgracia era el ladrón.

Ni el elefante, ni el viaje a África, ni el Rey. El culpable del lío que se ha formado ha sido el tropezón. Si no se cae, no nos hubiéramos enterado de nada en el hormiguero.

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