Diario de León
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CARMEN BUSMAYOR
León

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Un sol algo desganado abrigaba calles, callejos y plazas en la cervantina Alcalá de Henares a media mañana del 23 de abril. Mientras en Castilla y León rondaba la sombra de los comuneros un año más sin éxito y en Cataluña Sant Jordi llegaba con una rosa fresca y un libro. Más o menos así era la cosa. Más o menos porque hay que ver cómo los catalanes de forma envidiable difunden sus costumbres hasta en frente del mismísimo y madrileñísimo Círculo de Belllas Artes, en cuyo interior abundantes y variados lectores practicaban una lectura ininterrumpida de El Quijote, en una callejera carpa con rosas, libros y parecidos enseres.

Como cuento en Alcalá de Henares se iba con acierto el frío esa mañana, porque tanto el frío y no digamos la lluvia, la nieve o el granizo, cuando menos, supondrían un desplante imperdonable para recibir a las autoridades de todo tipo y demás invitados que con elegancia protocolaria, que no es excesiva (señores con traje oscuro, chaqué o traje académico; señoras de vestido corto, algo que apenas se cumple), para asistir a la entrega del Premio Miguel Cervantes 2011 al poeta chileno Nicanor Parra, venerable anciano de 97 años, conocido como Nica por sus allegados y amigos, tan lleno de reconocimientos y premios, entre ellos, el Reina Sofía de Poesía Iberoamericana en el 2001.

Quizá la entrega del 2011 pase a la historia de dicho premio como la entrega de las ausencias, las suplencias y la juventud. La verdad es que la ausencia de Nicanor Parra, el hermano de la cantautora ya fallecida, Violeta Parra, el inventor de los «antipoemas» era una ausencia cantada. Pues a su avanzadísima edad es un plan fijo no volar si no es en sueños. Si además añadimos la lejanía kilométrica de su casa de Las Cruces… Ahora bien esta ausencia supone una excepción casi única, pues salvo cuando en el año 1989 hubo de recoger tan goloso Premio, que sin duda no estaba dotado con las pesetas equivalentes a los 125.000 euros actuales, la muy gatera y muy andaluza María Zambrano siempre han asistido los premiados.

Dicha ausencia, acompañada por si no bastara de la de sus majestades los Reyes, verdaderos anfitriones del acto, debido al accidente de don Juan Carlos en Botswana, lógicamente conllevaba unas suplencias. Esperada casi con seguridad la de los príncipes Felipe y Letizia, y desconocida hasta último momento la del nieto, Cristóbal Ugarte, «Tololo» para el abuelo, quien así lo bautizó, con sus 19 ligeros años enfundados en un abundante y protocolario chaqué. En cuanto al asunto de la juventud ya casi está explicado. Mejor, no necesita explicación.

Sin duda tales ausencias, particularmente la del poeta galardonado, han mermado asistencias notables, como la de ganadores anteriores, que no había ni uno, o escritores celebrados. Y tal vez asimismo la ausencia del poeta nacido en San Fabián de Alico explique que «Tololo» leyese el texto de su abuelo desde el patio de butacas del paraninfo de la Universidad de Alcalá y no lo hiciese desde el hermoso púlpito, tal sucede habitualmente, flanqueado, eso sí, el púlpito, conforme es costumbre, por dos elegantes maceros. Pero sea como fuere , lo que sí está claro es que este año no hubo discurso, sino un breve texto acompañado de una gavilla de poemas parrianos y la humorística súplica de la concesión de un año para construir el discurso en cuestión. De ahí que la complejidad de tan escasas líneas no pudo existir. Igualmente fueron cortas las palabras del Príncipe y las del ministro de cultura, José Ignacio Wert, quien de forma similar a los príncipes se estrenaba en el Premio, como también lo hacía Rajoy en calidad de Presidente del Gobierno y en silencio redondo. Total, menos de una hora.

Luego vino el copetín o piscolabis en el jardín, los abrazos y la charla. Afuera un grupo de obreros protestaba por los recortes.

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