León

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La síntesis del debate de los recortes de Educación se contiene en el e-mail, desvelado estos días por Marco Romero, que la directora del colegio público Padre Manjón de Armunia envió al inspector de la dirección provincial. Para promocionar uno o incluso dos cursos a los cinco alumnos del centro con mayor retraso escolar y, de paso, ahorrarse la plaza de la profesora de Compensatoria, la burócrata propone que «se les aprueba y sanseacabó».

En el correo electrónico de la propuesta, enviado por error a todo el cláustro del centro para que vean que el contacto con el alumnado contagia las faltas de ortografía, se echa de menos que adjunte copia al ministro de Educación y al consejero de la Junta. Dos personajes que llevan semanas para enlazar un discurso en el que no casen recorte de fondos y pérdida de calidad; ni rebaja de plazas de profesorado, aumento de alumnos por aula y crecimiento del fracaso escolar; ni subida de tasas y bajada de matrículas universitarias. Equilibrios como los que hace Carmen Machi para que quede claro que es la imagen de Activia por su cara bonita, no por la estimulación que produce en la flora intestinal.

El método llega tarde para los que nos pasamos la vida escolar en la cuerda floja del 4, el 5 y el 6, que es donde se muestra la inteligencia; el 10 lo saca cualquiera, sólo hace falta estudiar. Generaciones de alumnos que, como mi amigo Albertín, acumulan en casa más de un centenar de bolígrafos Bic rayados con la punta del compás en cada uno de los cuales caben dos capítulos del Quijote. Estudiantes que contaron con ejércitos de profesores abnegados que saben que la excelencia es un concepto que no debe marginar al resto de los alumnos que, aunque no vayan a llegar a ministros, merecen el esfuerzo de que no se les condene a ser ciudadanos de segunda por tener menos recursos, menos capacidad, menos suerte en la vida o la coincidencia de crecer en un estado en crisis democrática.

Pero resulta más fácil acogerse a la fórmula de la directora para reducir la educación a un concepto contable. Simple, como en el capítulo que Homer Simpson abre en pleno espacio exterior la compuerta de la nave de la Nasa para que dejen de molestar las patatas fritas que pululan ingrávidas y, después de frotarse las manos, justo antes de salir despedido, exclama: «Y sanseacabó»

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