León

Creado:

Actualizado:

«El PP corre como un pollo sin cabeza» ha afirmado Celestino Rodríguez, nuevo y joven secretario provincial del PSOE, hoy en la cresta de la ola, nunca mejor dicho. La comparación debió dejar impresionados e impresionadas al personal propio, incluso a quienes se curtieron viendo El Exorcista , que es de antes de que él hubiera nacido. Un pollo corriendo decapitado es una imagen tan espeluznante que dan ganas de hacerse vegetariano, aunque sólo sea los miércoles. Y eso que hoy en día sin testa se pueden seguir haciendo muchas cosas: ver Sálvam e, escuchar a Jiménez Losantos, escribir columnas… Más aún, leo en la Red que, en 1945, un granjero estadounidense ganó una fortuna exhibiendo por el país a su gallo Mike, que se mantuvo vivo sin cabeza durante dieciocho meses, incluso llegó a procrear; allí es que siempre estuvieron más adelantados. Los socialistas, aunque no sean muy de corbata, han debido de sentir un picor en el gaznate.

El nuevo líder se ha presentado como la alternativa de la juventud, aunque dentro de la línea oficial, es decir, sin matar al padre, que es lo que recomendaba Freud para las emergencias; mejor así, que la casquería la cocina el diablo. «Hay que valorar la sabiduría, pero no imponer la experiencia», ha recalcado. Lástima que Sócrates esté ocupado con lo de la crisis de Grecia, porque como asesor es único dando consejos. Pero la edad es solo un susto que te das cuando te miras al espejo. Por ejemplo, el 16 de octubre, exclamaré: «¡54!» Y de mi garganta irrumpirá después un grito como si acabase de ver al descabezado plumífero echando un vistazo en mi biblioteca; luego, el sobresalto se te pasa, y hasta el próximo año.

En política —como en el amor— más preocupante que perder la cabeza es por quién o por qué la pierdes; y tan primordial como sentarla es dónde la sientas. Porque hay muchas clases de matarifes y lo difícil es que, en cualquier rebelión en la granja, no te rebanen el sentido del humor. Y es que un decapitado puede pedirte fuego, incluso preguntarte si queda mucho para Villalfeide, pero nunca podrá contarte un chiste o reírse de uno que le cuentes, ni te podrá desvelar cómo se cocina el pollo a la guillotina. Un latazo.

Cargando contenidos...