AL MARGEN
S.O.S.
La gente se pregunta si eso del «rescate» tiene que ver solo con los bancos, o si también se la rescataría a ella de las torpes manos del actual Gobierno. En tal caso, la opinión favorable al «rescate» es casi unánime. La cesión de soberanía que cuesta que nos vengan a rescatar no sería mayor, aunque sí más rentable, si el lote comprende una cierta neutralización de los Rajoy, Guindos, Montoro y compañía.
La impotencia puede entenderse y justificarse en cualquiera, a condición de que no alardee de ella ni, en el caso de los gobernantes, de que no se constituya en el motor, ciertamente quemado, de su acción política. Que el presidente de un país arruinado, en quiebra, en caída libre, implore a su selección nacional de fútbol que le dé, por favor, una alegría a la gente, desvela, sin duda, la ligereza y la insolvencia política del que tal cosa solicita, pero también que el mismo se halla en la onda, catastrófica onda, de los que en Guijo de Galisteo y sus pedanías de Valrío y El Batán votaron el domingo a favor de gastarse el dinero en toros en vez de en emplear a algunos vecinos para que lleven algo de comer a casa. Rajoy se adscribe a esa barbarie, propugna el Pan y Circo, pero al aplicar su ideología a los «recortes» suprime, encima, el pan. ¿Es ese el plan de Rajoy para combatir la depresión del paro y la miseria, que Silva marque gol?
La gente que está sufriendo no vería con malos ojos, sino antes al contrario, que la rescaten, cediendo gustosamente la porción de soberanía que, de cualquier manera, no puede disfrutar, pues aquí lo de la soberanía es solo una cosa escrita en un papel. Quiere que la rescaten, pero que la rescaten ya, y principalmente, del gobierno.