Diario de León

TRIBUNA

25 aniversario de la asociación

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ENCINA GUTIÉRREZ IBÁN PRESIDENTA DE LA ASOCIACIÓN LEONESA SIMONE DE BEAUVOIR
León

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La violencia de género no es un problema que afecte al ámbito privado. Al contrario, se manifiesta como el símbolo más brutal de la desigualdad existente en nuestra sociedad. Se trata de una violencia que se dirige sobre las mujeres por el hecho mismo de serlo, por ser consideradas, por sus agresores, carentes de los derechos mínimos de libertad, respeto y capacidad de decisión», así comienza la Exposición de Motivos de la Ley Orgánica 1/2004 de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género.

Así mismo, los organismos internacionales especializados definen esta expresión de violencia como una manifestación de las relaciones de poder históricamente desiguales entre mujeres y hombres. Una desigualdad histórica que la mirada de la perspectiva de género ha logrado hacer visible, sacando a la luz una realidad anteriormente oculta y ocultada.

Desde la ONU se insiste en que la violencia contra las mujeres es una de las violaciones de los derechos humanos más generalizada en el mundo, se trata de un problema social que se manifiesta en todos los países, afectando a muchas mujeres de distintas clases sociales, procedencia étnica, creencias religiosas, etc., Precisamente para incidir en su carácter estructural esta violencia ha recibido el nombre de violencia de género, es decir, que tiene que ver con la forma en la que se organiza la sociedad, y el persistente desequilibrio de poder que existe entre mujeres y hombres en todos los ámbitos de la vida social, religioso económico, político o cultural.

El sexismo y la misoginia generan discriminación, creando un caldo de cultivo idóneo para que aparezca la violencia de género en cualquiera de sus múltiples manifestaciones. También sabemos que la violencia, y ésta en especial, no es un constituyente del comportamiento humano, si no que es aprendida a través de los agentes socializadores que nos forman como personas y nos adjudican unos roles según seamos mujer u hombre.

En la vida de las mujeres, desde la niñez hasta la edad adulta, está siempre la sombra de la violencia, bien como amenaza bien como realidad: mujeres violadas, mujeres mutiladas, mujeres víctimas de la trata, mujeres esclavizadas y prostituidas, mujeres maltratadas por sus parejas y un triste etcétera.

Son 25 años que la Asociación Leonesa Simone de Beauvoir lleva trabajando con y para las mujeres que sufren violencia machista. En 1987 crea una Casa-Refugio para mujeres maltratadas cuando no existía ningún tipo de apoyo ni recurso para ellas. A lo largo de estos años han pasado por este Centro de Acogida alrededor de 400 mujeres, con sus respectivas hijas e hijos. Muchas cosas han cambiado desde el inicio de la andadura del Centro: desde el reconocimiento legal de que el maltrato no es una cuestión de ámbito privado hasta la aprobación de la Ley Orgánica 1/2004 de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género, que supuso un pacto de estado.

Sin embargo, la práctica y aplicación de dicha Ley no está siendo fácil, especialmente, en lo que se refiere a generar cambios en la conducta y valores de esta sociedad. Por que la violencia contra las mujeres se asienta en una sociedad patriarcal y machista que consiente y normaliza, que encuentra natural situaciones como: que la tasa de empleo femenino esté por debajo de la masculina, que tengan mayores empleos precarios, temporales y parciales, mayor discriminación salarial, que estén esclavizadas en el rol de cuidadoras, que se compren sus cuerpos para el disfrute de los hombres, que se sean invisibilizadas en el lenguaje, etc.

Y la situación se agrava en la actualidad debido a la crisis y los recortes en las políticas sociales y de igualdad. ¡¡Malos tiempos para trabajar la igualdad entre los géneros y dar una buena atención a las mujeres que sufren la violencia machista!! Nos preocupa fundamentalmente que la crisis sirva como excusa para el desmantelamiento de los avances conseguidos en esta materia. Debemos recordar que una sociedad más justa es aquella que pone a las personas y a las necesidades sociales en el centro de las decisiones políticas.

Organizaciones y asociaciones feministas en un manifiesto que presentaron en el Congreso ante los Presupuestos Generales del Estado señalan que la rebaja de fondos para la igualdad de oportunidades y la lucha contra la violencia de género desciende un 20,6%, que supone una caída superior a la media del gasto público. La reducción del gasto para la dependencia y para la atención a la infancia supondrá una mayor carga para las mujeres porque no les permitirá conciliar la vida laboral, familiar y personal, porque como bien sabemos son tareas que desarrollan principalmente por las mujeres.

Por simplificar pero mostrando uno de los apartados con repercusión más negativa en las mujeres, destacamos que la nueva reforma laboral facilita que las empresas, de forma unilateral, puedan exigir cambios de horario o lugar de trabajo para llevar a cabo los ajustes que necesiten y adaptarse a las circunstancias de un entorno cada vez más competitivo. Nuevo obstáculo este para la conciliación y para mantener el puesto de trabajo.

Esto nos lleva a pensar que estas medidas pretenden el sometimiento y la intención de que la mujer vuelva al punto de partida, lo que supondría una involución en la conquista de los derechos de la mujer. No podemos permitir que se nos regatee el derecho a decidir sobre nuestra maternidad, que vuelva a recaer únicamente sobre la mujer la educación de los hijos e hijas y la atención a la casa y cuidados a las personas mayores y dependientes. En nuestra opinión, como mujeres, estas intenciones son una expresión más de violencia estructural e institucional contra la mujer.

Los recortes en políticas de igualdad suponen un avance del machismo ante el que las mujeres nos rebelamos y tenemos que tomar partido: ni queremos ni podemos consentir el desprecio a las mujeres, ni su utilización, ni su invisibilización. Hay que terminar con la discriminación y la violencia contra las mujeres, que suponen la mitad de la población mundial.

Seguiremos luchando por la visibilidad, la información, una legislación igualitaria y una atención integral a las mujeres. Sabemos que aunque estos son componentes indispensables para atajar el problema de la violencia, no son suficientes. Además de la protección y reparación de las víctimas, hay que actuar de forma planificada y conjunta, implicando a todos los agentes sociales e institucionales para erradicar esta lacra y, por ello, se requiere trabajar sistemática y permanentemente en clave de prevención.

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