TRIBUNA
Humanizar la tecnología
Hace cien años, Albert Einstein sentó las bases de la nueva Física. En apenas unos meses, aquel ingeniero de la oficina de patentes de Berna colocó los cimientos de la Física que nos permitieron entender la complejidad de las leyes por las que se rige el universo. Los rayos láser, los ordenadores, la televisión, los satélites o la energía son producto de los pensamientos y teorías de Einstein. Esto nos muestra que la ciencia abre paso cada vez más a la ingeniería. En su primer artículo, en la revista Annales der Physik , sin negar la teoría ondulatoria que se conocía hacía un siglo, señalaba que la luz es a la vez ondas y partículas. Aquello desafiaba el sentido común, pero le valió en 1921 el premio Nóbel. El segundo artículo desarrollaba su teoría sobre los átomos y las moléculas. El tercer artículo lo dedicaba a la manifestación microcósmica del movimiento de los átomos. El cuarto y más conocido se refería a la electrodinámica de los cuerpos en movimiento. Era el fundamento de la relatividad y entraba en conflicto con la mecánica clásica, E=mc2, es la fórmula física más célebre de la historia. En los diez años siguientes estableció la noción espacio-tiempo y generalizó la teoría de la relatividad que serviría de base a la cosmología científica. El ingeniero Einstein nos muestra el camino de convergencia de las teorías en su aplicación práctica y del crecimiento inimaginable de las tecnologías.
La Ciencia de la Astrofísica está en pleno auge desde que el astrofísico Hubble descubrió que el Universo se expansionaba en 1928, el telescopio espacial de la Nasa lleva su nombre, y Einstein unos pocos años antes, en 1915 propuso su famosa ecuación de campo que describe la evolución espacio-temporal del Cosmos, en función exclusivamente de su contenido (materia y energía) que según el Físico John Wheeler, «le dice al espacio-tiempo como debe de curvarse y la curvatura del espacio-tiempo le dice a la materia cómo debe de moverse».
Para Kant, la dignidad de la persona arranca de su condición de individuo que es. El fundamento de la dignidad de la persona radica en su autonomía individual que le permite ser él mismo y libre a la vez. ¡Verdad que no es igual ser un buen hombre que un hombre bueno? Para Aristóteles, el paradigma del hombre bueno era el de la persona virtuosa. Hoy, cuando empleamos el adjetivo «virtuoso» lo restringimos únicamente a los artistas. Algunos músicos son virtuosos, algunos pintores o escultores. Y los demás, parece como si sólo pudiéramos aspirar , en el mejor de los casos, a ser buenos profesionales.
Los periodistas y creadores de opinión se dedican fundamentalmente a encomiar a personajes del mundo de la farándula, del mal llamado deporte, como es el fútbol, y de la política, pero no se dedican a crear opinión sobre los investigadores que trabajan, investigan, crean y contribuyen al progreso humano, con realizaciones como las obras de ingeniería al servicio de la sociedad en su conjunto y que proporcionan seguridad y bienestar, resultando impresionantes por su poder de modificación de la naturaleza, identificando los principales hitos de la humanidad con el desarrollo de las infraestructuras de comunicación y del transporte, fundamentalmente, la aventura espacial, la aventura genética, la I+D+i, etc. ¿Qué ejemplo se está creando para las sucesivas generaciones de españoles? ¿Por qué no se pone coto a tales desmanes? La prensa y la sociedad española en su conjunto está transmitiendo una vulgar cultura basura de conceptos perversos y valores huecos, alejada de los verdaderos intereses de un país que quiere avanzar por el progreso de las ideas y de los valores transcendentes.
Así no es de extrañar la reciente encuesta sobre el conocimiento y acercamiento a la Ciencia por los europeos, y deja a los españoles en el farolillo rojo de Europa.
Ya lo dejó escrito Goethe «per aspera ad astrum». Sólo el camino duro lleva a las estrellas. Necesitamos más aspirantes a ingenieros y a científicos que aspirantes a las pasarelas, los focos y los horteras escenarios de los programas de televisión financiados con dinero público, menos personajes de la farándula, futboleros, titiriteros, y demás fauna pseudo progre. Ese es el modelo que proporcionan a una buena parte de la ciudadanía, que aparentemente parece afectada por un extraño virus, un sintomático idiotismo que conforma una existencia ciertamente dramática. ¿Qué está ocurriendo? Mahatma Gandhi sentenciaba:» La gente se arregla todos los días el cabello ¿porqué no la cabeza (razón) y el corazón (alma)?».
Alguien habrá de lanzar un grito desgarrador... ¡Que alguien haga algo, por favor!
¿Qué nos está sucediendo para que el hombre no nos produzca sorpresa?¿Por qué no nos fascina y hasta no nos sobrecoge?. Quizá hemos dejado todo en manos de la razón y ello da poco de sí...