León

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Un falso jeque árabe ha intentado estafar al Getafe Club de Fútbol. En realidad era un camarero brasileño. Aquí, en León, en 1992, también nos intentó meter un gol un empresario procedente de Estados Unidos, mister Frank Wilbourne, con aquello de Biomédica. Cabe preguntarse qué habrá sido de él. En esta clase de operaciones lo difícil es que al timador no le dé la risa floja. Ya puede estar todo preparado al milímetro que si se desternilla cuando debería estar circunspecto, entonces, no hay manera de sacar el timo adelante. «Y sobre todo, si oyes música ni se te ocurra menear las caderas», le habría insistido el cerebro de la banda al camarero brasileño. La delincuencia ya no es lo que era. La banda en cuestión se llamaba «Batallajuanola». Qué falta de seriedad. Ya no se respeta ni al honorable género negro. ¡Si Capone levantase la cabeza!

Aquí, el PSOE propone que se cierre temporalmente el estadio Reino de León, dado que no hay grandes partidos que ganar ni perder. Y no les falta razón. Sólo el mantenimiento anual sale por 500.000 euros. Por la mitad, les barro yo los goles después de cada partido. El edificio es una de las mejores obras de arquitectura contemporánea que hay en nuestra ciudad, pero cuando fue construida la economía leonesa no era el desierto del Gobi que hoy es. Es lo que tiene la autoestima, que te pasas o no llegas. Una pena, por el edificio y por el deporte. Ya entonces había espejismos, claro, pero no sabíamos que lo eran. Si el falso jeque brasileño no estuviese en busca y captura le podía contratar el Ayuntamiento de León para que consiga que los de Eurovegas monten en nuestro estadio una sucursal de su engendro babilónico. No, mejor no, que lo mismo va y lo consigue y nos convierte esto en aquella Ciudad sin Nombre.

Mientras, en la Cabrera baja más remota, en la copa de un árbol, un enigmático joven —con túnica blanca y pañuelo de cuadros en la cabeza— silba La Chica de Ipanema , oculto de sus perseguidores. Dos ramas más arriba, alguien con barba de décadas, acento norteamericano, y aspecto de llevar mucho, pero mucho, sin ducharse, le propone invertir en una fábrica de arena de desierto. Negocio seguro, oiga, firme aquí. ¡Todo un lince, mister Wilbourne!

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