Diario de León
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Ahora que la historia se está escribiendo para ser recordada (la gesta de anoche de la Selección de España siempre estará en nuestra memoria) es cuando tiene un valor especial todo lo que se ha hecho, porque el tiempo coloca a todos en su sitio.

Si la canción dice que «veinte años no es nada», veinticinco no es mucho más. Y eso es lo que ha pasado, cinco lustros, desde que José Luis Díaz Villarig fuera elegido alcalde de León en un pacto contra natura de «todos contra Morano», candidato independiente que no gustaba a ninguno de los grandes partidos que por entonces dominaban el panorama nacional y también local, a saber: Alianza Popular (AP), Centro Democrático Social (CDS) y PSOE.

En esta nuestra tierra los independientes siempre se han visto como un peligro. La gente les apoya, pero los poderes públicos les odian precisamente por ese sentido populista, incontrolado que tienen y que les impide saber cómo van a actuar ante cualquier situación imprevista.

No voy aquí a romper una lanza por Juan Morano Masa, porque no la tengo ni él la necesita, pero no deja de sorprenderme que esa máxima de que «la historia siempre se repite» y que son precisamente «los pueblos que olvidan su historia los que están condenados a repetirla» se ha hecho realidad una vez más. Claro que hace 25 años muchos de los que ahora dirigen o manejan la política local estaban preocupados por otros menesteres y les quedaba lejos eso de que tres partidos se unieran para desbancar a aquel que los votantes habían elegido. La democracia sui generis implantada en España con la ley de D’Hondt por la cual no gana quien más votos saca, sino que puede haber grandes diferencias de escaños cuando no hay tantas en número de votos, siempre ha favorecido a los más grandes, que no están dispuestos a dejar de serlo.

Que Morano fuera por libre no se podía permitir hace 25 años y tampoco ahora, en pleno siglo XXI. Que alguien rompa en el Senado una docena de veces la disciplina de voto (aunque sea puramente testimonial, porque su NO no sirve absolutamente para nada) es algo que los partidos no perdonan. Pero no todos pueden permitírselo y Juan Morano sí puede. Ha vuelto donde solía. Creo que al final de su historia se lo podía permitir y él se lo ha permitido, aunque sea sólo por solidaridad con los mineros encerrados, que él de eso sabe bastante.

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