AL TRASLUZ
Mí no entender
L o confieso: mis neuronas no dan para entender el Bosón de Higgs. Eso del origen del universo me excede tanto como visualizar las cifras que necesitan los bancos para sanearse; pero ojalá fuese lo único que se me escapa. No entiendo el tiempo de León. Aquí nada más levantarte te preguntas ¿qué me pongo?, y no sabes a qué atenerte, pues sube y baja como La Bolsa. Y con la temperatura política pasa algo parecido: coges la prensa, un titular te hiela la sangre, pero el siguiente te produce sofocos. Sin embargo, hay algo que sí he entendido: según leo en este periódico, el Banco de España ha ordenado que las minúsculas de la letra pequeña de los contratos con las entidades financieras midan al menos un milímetro y medio. Gracias, por pensar en los miopes. ¡Cómo para entender el Bosón de Higgs!
Pues sí, no he logrado cogerle el tranquillo a la partículas subatómicas. Hubiera preferido que la ciencia me resolviera otros comecomes más de andar por casa. ¿Se reencontrará la osa Jimena con su madre, volverán las oscuras golondrinas, dónde está el mando de mi tele? No es que me falte curiosidad científica, al contrario, todo me la provoca y, dadas mis carencias de base, debo jerarquizar para no aturullarme. Además, la idea de un equipo de científicos recreando el Big Bang en un laboratorio me resulta inquietante, lo asocio a fallas de Valencia con banda sonora de Wagner. ¿Acaso no hay misterios más prioritarios que el de dónde venimos? Total, ya aparecerá otra teoría que adelante o atrase billones de años luz la conclusión hoy tan apoteósica. Los de ciencias son así, donde dije Bosón digo Diego.
A los leoneses, mejor que nos descubran de dónde venimos, que ya lo sabemos, y vete ahora a reclamar algo a la Legio VII, no digamos ya a los cazadores prehistóricos de Valdelugueros, es que nos digan dónde vamos que no esté cerrado, pendiente de traspaso o a punto de ERE. Aquí, con esta crisis, nos toca reinventarnos, sin renunciar al pimentón, que es lo nuestro y lo que nos singulariza. Cuando no te toca la primitiva, tienes que ir a tocarla tú. Qué remedio. Pero de momento, mientras escampa, como decían los siux en las películas de nuestra infancia: «¡Mí no entender!». Pues eso: mí tampoco.