Diario de León
Publicado por
CÉSAR GAVELA
León

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A veces se olvida que la obra de Ramón Carnicer es extensa y plural. El protagonismo de sus libros de viajes deja en un segundo plano más de dos tercios de sus fecundas y siempre apasionadas páginas.

Carnicer es autor de meritorias novelas, de biografías reveladoras, de colecciones de cuentos, de textos filológicos y de dos libros esenciales donde narra su vida y refiere muchas de sus ideas. Olvidar ese conjunto sería escamotear una parte principal de una de las obras literarias más sólidas de España de la segunda mitad del siglo XX. Con sus libros de viajes tampoco es equitativo lo que sucede. El dedicado a La Cabrera es maravilloso y está bien reconocido. También se recuerda su libro sobre Castilla la Vieja. En cuanto al dedicado a su estancia en Nueva York, acaba de ser reeditado, para alegría de todos.

Pero quedan dos libros más de viajes. Uno de ellos, el de los enclaves españoles, tal vez es diferente de los otros, dado su original objetivo. No por ello deja de proporcionar una gozosa lectura. Pero yo quería hablar del otro gran libro de viajes por España: el que Carnicer dedicó a Extremadura.

Trabajo monumental, donde narra sus peripecias como viajero entusiasta e ilustrado. También donde cuenta la historia de aquella región, de sus ciudades y villas, y donde repasa la vida de muchos extremeños, célebres u olvidados. Todo ahormado con su modo de decir, tan sencillo y cautivador.

He pasado unos días en Extremadura y he sentido, una vez más, esa fraternidad que los leoneses encontramos allí. Extremadura es la frontera del viejo reino de León y eso se nota en muchas cosas, no así en el acento, muy similar al andaluz o al manchego.

La región ha cambiado mucho desde que la visitara Carnicer, en 1981. Todo ha mejorado, demostrándose así, una vez más, que es en las comunidades más pobres donde el sistema autonómico ha resultado más beneficioso. No hay pueblo, por pequeño que sea, sin su casa de la Cultura, sin su parque, sin su centro cívico. He viajado por la inmensa provincia de Cáceres, la más leonesa, imaginando a Ramón por allí. En Garrovillas, en Coria, en Trujillo, en Guadalupe, en Brozas, en Alcántara…

He sentido ese modo de ser leonés al otro lado de la sierra de Gata. Extremadura es el Alentejo de los leoneses, así como la Mancha lo es de los castellanos viejos. He sentido ese placer de vivir en una tierra que ensancha lo que uno siente y sabe de España. Desde la mirada del occidente. Desde esa franja paralela a Portugal que va de Asturias a Badajoz. Por todo ello, creo que este verano es un buen momento para volver a leer el gran libro de Ramón Carnicer, que se titula, muy sabiamente: Las Américas Peninsulares. Las Américas leonesas, también cabría decir.

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