Diario de León

HISTORIAS DEL REINO

Heróica historia de un leonés

Publicado por
MARGARITA TORRES
León

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Le vamos a llamar Luis, porque lleva tantas décadas siendo conocido por el apellido, que prefiere el nombre que le puso su madre cuando le bautizaron en Saelices de Sabero. A los catorce años mintió sobre su edad y se alistó en plena Guerra Civil en la Marina. Poco duraron los rifirrafes. Su barco fue apresado. A pesar de acabar en la cárcel reconoce que le trataron bien, pues su oficial era hombre muy respetado. Incluso los vencedores le propusieron continuar en la Armada. Pero él y un puñado de sus hombres, con Luis, optaron por embarcarse hacia la Palestina bajo protectorado británico. Allí se enrolaron en un buque mercante.

La Guerra Mundial estaba agonizando. Las noticias de los supervivientes de los campos de concentración llegaban a cuentagotas. Desnutridos, con los pies ensangrentados, comenzó una epopeya que llevó a miles de hombres, mujeres, niños, ancianos, hasta las costas del Mediterráneo. Si Europa, su tierra, renegaba de ellos, buscarían su auténtica patria histórica: Eretz Israel. Una organización clandestina, el Mossad le’Aliya Bet, se ocupaba a escondidas de los ingleses de rescatar a esos supervivientes. Para ello contrató diversos buques mercantes con el fin de transportar a esos rotos emigrantes a su nueva tierra. Entre ellos el barco en el que Luis era jefe de máquinas por entonces.

Después de vivir una guerra, me comentó este leonés peculiar, uno se acostumbra a la muerte. Pero nunca te imaginas que los seres humanos sean capaces de destrozar alma, cuerpo, mente hasta el extremo que contaban los que vencieron a Satanás en los campos de exterminio. Las travesías no eran largas, aunque sí lo suficiente para que Luis descubriera que en los ojos de aquellos hombres y mujeres sólo existía una firme determinación: sobrevivir. A cualquier precio. El resto de sus relatos, ha preferido olvidarlo, me confiesa entre escalofríos.

Su mirada se torna dura. Vuelve a Israel por un momento. Al puerto en el que los británicos casi dejaron morir de hambre a aquellas gentes, al impedirles desembarcar. Recuerda con una sonrisa muy especial el engaño de su capitán cuando, con la elegancia innata al viejo marino español, se plantó delante de los british y, sin perder la compostura, ni levantar la voz, consiguió que estos se cuadraran ante él y dejaran a su buque atracar.

Durante un par de décadas Luis se quedó en Israel. Incluso tiene la nacionalidad. Por los Santos vuelve a Saelices de Sabero, a poner flores en la tumba de su madre y tomarse un vino con los pocos parientes que le restan. Dos lecciones para la vida sacó Luis de entonces. Se las quiero transmitir: nunca renuncies a luchar por ti y por los tuyos, nunca olvides que los poderosos tienen los pies de barro y siempre caen. Basta con resistir.

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