HISTORIAS DEL REINO
El ejemplo de Hospital de Órbigo
Producimos más libros que Francia, aunque nuestro índice de lectura es veinte puntos menor. España es un gigante editorial, nadie puede cuestionarlo, de talla y calidad, referente a lo largo y ancho del mundo del buen hacer. Novelas, libros de viajes, opciones a escoger según la voluntad del lector. No ocurre lo mismo con los libros de texto escolares. Cada año, se convierten en la pesadilla literal de los padres. Pudientes o no, dispuestos al reaproveche o capaces de sacarse de donde ya no tienen para que sus hijos huelan ese aroma especial de las hojas impresas todavía vírgenes, lo cierto es que el desembolso familiar supone un puyazo en todo lo alto. Los tiempos que corren implican todavía mayor herida, lastre in crescendo que alguien con mando en plaza debería de valorar. Pero aquí no hay elección posible: compras el que te imponen. Con nombre y apellido.
Las estadísticas afirman que Castilla y León es la autonomía con mejor nivel educativo del país. Visto lo visto eso, per se, no supone un exceso cualitativo, si valoramos la pobreza intelectual de nuestra nación, donde los niños quieren ser futbolistas, las niñas modelo, los banqueros estafadores meterse a candidatos a la presidencia del gobierno, los zorrones desorejados símbolos del pueblo y los políticos patanes altos cargos. En fin, que tenemos lo que hemos sembrado desde que Alfonso Guerra dijo que a este país no acabaría conociéndole ni la madre que lo parió. Gran verdad.
Pero aun así por lo menos en algo bueno somos los primeros. Quizás por ello, también deberíamos de dar ejemplo de racionalidad. Y ahí tenemos Hospital de Órbigo, cuyo equipo municipal ha tomado la iniciativa de pagar los libros de texto de sus peques. Olé por tus narices, alcalde.
Sin llegar a eso, que tampoco estaría de más, si no en todo, sí en parte como ayuda, podrían llegar los mandos autonómicos a formalizar una relación de libros de texto durante varios años seguidos que no cambiasen cada curso escolar, que ni las sumas se alteran en sus formulaciones, ni la historia cambia tanto. Y ya puestos, no estaría de más que dejasen a los maestros libertad para enseñar con esos apoyos, sin tener que ceñirse a la potencial tontería de quien ha recibido muy buenos dineros por firmar un librín de texto. Baste el ejemplo de cómo los romanos invadieron Castilla y León antes de que la Autonomía existiese. A veces una se pregunta si detrás de tanto cambio y alguna que otra barbaridad de incompetente no se esconde un negocio con mayúsculas, o un premio a la buena voluntad.
Cuando llega septiembre todos los padres tiemblan. Restan menos de treinta días. Podía el señor consejero de Educación darse un paseíllo por Hospital de Órbigo y aprender de esos políticos. Venga, hombre, que te invitamos a truchas.