La opinión del lector
Los nuevos proyectos
El Proyecto León viene desde hace años intentando plasmar su estructura con informaciones y propuestas estudiadas por catedráticos de altura que me imagino siguen asesorando a gobernantes y líderes políticos. Uno, que no es aventajado en enterarse de los anteproyectos gubernativos, está a la escucha de todo tipo de movimientos primeros con los recortes «últimos, sobre todo» como en los ayuntamientos. Pero la lectura de algunos adelantamientos prematuros porque el anteproyecto no se ha votado ni defendido como acontece en democracia, nos confunde tratándose de una estructura tan histórica como la vivida a lo largo de la existencia. Se habla de supresión exigida de tal estructura, si no se reforma u otra de más allá. Pues apliquemos el mismo énfasis a la supresión de las juntas vecinales, algo más indefensas, si no se reforman.
Es muy fácil universalizar desde las cátedras, pero a quien es de pueblo y pequeño se le obnubila la mente bajo el sopor de tanta contracorriente, Los grupos de manifestantes se creen con toda la verdad: Claman contra el Gobierno que les hace lo contrario de aquello por lo que le votaron.
¿Por qué la desaparición de las diputaciones, si no se reforman y por qué no las juntas vecinales si no se reforman igualmente? Distinto vocabulario para problemas homogéneos.
Hace tiempo que veíamos como problema previo a la realización del Proyecto León, la supresión de tantos subentes autonómicos y provinciales respecto del Gobierno. Una larga enumeración malamente experimentada: consejos regionales, tribunales económicos, consultivos sin más trabajo, procuradores del común, mancomunidades, consorcios de basuras.. a cuento de qué la doble administración.
El caciquismo no era sólo de tiempos de Franco que tanto han acusado los señores de izquierda, quizá porque ellos no han sido capaces de desligarse de tal maña. Y esa es la peor lacra de la sociedad, incluso democrática, porque las juntas vecinales las lideran gente impreparada en algunos entornos, en que el logro del puesto es más familiar que democrático por una saga sin fin que conocemos por el mundo recorrido. Lo decía el agricultor francés de forma inteligible: «¿La democracie? Il n’existe pas».
Ángel Carvajal Carrera. LEÓN