Diario de León
Cristina Fanjul
León

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Lo cierto es que pensaba empezar diciendo que este iba a ser el invierno de nuestro descontento, pero creo que la tragedia de Ricardo III es mucho más liviana de lo que nos espera. España se quema y nadie parece estar a salvo. Verano ha sido siempre la estación que da paso al otoño, pero en esta ocasión, parece que el verano se ha convertido en el momento previo al desencanto, en la sala de espera a lo desconocido, y aquí estamos, aguardando en silencio, como si esta aparente placidez pudiera evitar la llegada de la tormenta.

Tres incendios: uno para la indignación, otro para la pandereta y un tercero para la lírica. Una anécdota. Una pareja está a punto de palmarla con sus nietos. Un enfermo mental decidió ese día quemar la casa del vecino con el vecino dentro, pero, cosas del Spain is different, quien tiene que pagar a los bomberos no es el responsable del fuego, ni la familia del responsable del fuego, ni siquiera el Estado, que ha dimitido de su responsabilidad para con la sociedad al permitir que los enfermos no estén tratados de manera adecuada, no, quien tiene que hacer frente al pago millonario de los pompiers es la víctima, el matrimonio que se salvó milagrosamente de las llamas y que tendrá que vivir el resto de su vida con la certidumbre de que ya no podrá dormir tranquilo. Un esperpento, como la mayoría de las historias de nuestra querida España.

El fuego también llega al Ayuntamiento, pero en esta ocasión los paganos seremos todos. Es lo que se podría llamar solidaridad del dolor, o irresponsabilidad solidaria, que todo depende del cristal por el que se mire. Y es que en este gran país, la víctima siempre es responsable, mientras que el culpable comienza a esgrimir eximentes y se va de rositas.

Por eso no tenemos solución, aunque nos hagan comulgar con la ficción de que no pasa nada. Sí que pasa. Pasa que debemos dejar de autocalificarnos ciudadanos (no lo somos porque aquí no hay sociedad civil) y pasar a considerar que somos sólo contribuyentes. El alivio es saber que no habrá que volver a pagar la contribución, porque en la mayoría de las ocasiones nuestro papel frente a la administración es papel mojado, o quemado.

Y, mientras, el amor en cautividad inflama la cárcel y está a punto de originar una nueva tragedia. Un vis a vis al rojo vivo, que será lo único que nos quede cuando ya no puedan entretenernos con nada.

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