La voz de los internautas
u Óscar Ronda Prieto escribe sobre el incendio de Castrocontrigo con el título «Cuando León era Mordor y Frodo un Peregrino: «Me ahogo, tú. Abro la ventana y me ahogo. En plena ola de calor, un incendio a las afueras de León nos deja la capital cubierta de un humo negro, tóxico, que me ahoga, tío, que te ahoga a ti también ¿o no lo notas? ¿Y aún así estás en la terracita? ¡Estás loco! No, ahora no es el Ayuntamiento... ahora es el monte. Desde Villaobispo de Otero sale otra nube que convierte al sol en rojo encarnado, pintando las nubes de naranja, y queda León a oscuras. Por la tarde con la luz encendida, como en diciembre, como si hubiese eclipse. Hale, a cenar en breve. Así tenemos León mientras el monte de Castrocontrigo se quema. Tranquilos, la Junta de Castilla y León lo ha catalogado de nivel 2... No es la Gomera, ¡pero coño, también es fuego así que apágalo! Se quema León, San Emiliano, Villamanín, Vega de Valcarce... Parecen imágenes de Marte, el cielo de algún planeta de Star Wars. Miro allá afuera el espectáculo mientras mi garganta carraspea y carraspea, ¡vaya! se nota la ceniza en el marco de la ventana. Quizás también en mis pulmones. En cualquier momento Frodo bajará por la calle, seguido de Sam y Gollum, en su peregrinaje al Monte del Destino...».
u Begoña Prieto escribe desde Bilbao en agradecimiento a los sanitarios de La Bañeza y León con el título «Le han salvado la vida, gracias»: «El 16 agosto a mi hijo de 8 años le han salvado la vida, tras sufrir un cuadro asmático que resultó ser una reacción anafiláctica. No tengo palabras para poder agradecer a los médicos y enfermeras de La Bañeza, a la ambulancia medicalizada que le trasladó al hospital a León, a los pediatras que le atendieron. En fin a todos, gracias por estar ahí. Vuestro trabajo es muy valioso».
u Juan Pedro Martínez escribe contra el ruido con el título «Chunta, chunta, chunta, catapún chispún»: «Hay varios tipos de contaminación, entre ellos se encuentra la contaminación acústica o auditiva que se define como: ‘el exceso de ruido que altera las condiciones normales del ambiente en una determinada zona y que puede causar graves daños en la calidad de vida de las personas’, a su vez, ‘ruido es todo sonido no deseado por el receptor’. Se define también en la legislación sobre la materia el nivel de confort acústico como: ‘el nivel de ruido a partir del cual el sonido provocado resulta pernicioso para la comunicación y la salud de las personas’. En la Constitución española, el mandato constitucional de proteger la salud (artículo 43 de la CE) y el medio ambiente (artículo 45 de la CE) engloban en su alcance la protección contra la contaminación acústica. Se podrían enumerar en este párrafo un sinfín de Leyes, Decretos y reglamentos… destinados a la protección contra la contaminación acústica, destinados a proteger la salud y el medio ambiente. A pesar de todas las protecciones contra el ruido, parece que a la música, a pesar de que en determinadas ocasiones o ambientes puede ser un «sonido no deseado por el receptor» se le concede una cierta «patente de corso» para que se imponga dando por sentado que a todo el mundo le apetece escuchar música 24 horas al día durante los 365 días del año. Vayas donde vayas, en la mayoría de las veces tienes que soportar un «sonido no deseado...». Siendo grave que te la calcen en cualquier esquina, siendo grave que te impongan un ruido, es mucho más grave cuando el ruido: «chunta, chunta, chunta, catapún chispún» es el «Ruido», lo tienes que soportar en todas partes. Seguro que en alguna ocasión en la que alguno de ustedes se encontraba disfrutando del murmullo del agua, del piar de los pájaros, de los sonidos del silencio, les ha tocado el «gordo» en forma de todo terreno con el loro a tope —pun, pun, pun catapún— y un sordo al volante o estaban en la piscina oyendo los sonidos del silencio, leyendo o pensando y de pronto por los tubos de megafonía suena el mismo —pun, pun, pun catapún— para sordos o se va usted a comprar una camisa y en la tienda atacan de nuevo el —pun, pun, pun catapún— y que me dice de la cola del pescado o de la caja del super, otra vez —pun, pun, pun recatapún—. Creo que esto no es casual, desde luego tiene pinta de conspiración para el descerebramiento masivo de la población».
u José Sánchez Sereno escribe de la crisis con el título «Estado de emergencia...»: «Para evitar revoluciones, hay que hacer evolución. La misión más importante de nuestro Gobierno se ha convertido en ayudarnos a sobrevivir. Esta tarea exige capacidad para resolver problemas, toma de decisiones basadas en el análisis y una combinación casi perfecta entre suerte, imaginación y eficiencia. Estamos de acuerdo en que no es fácil. Solo con un Acuerdo Social se podría adelgazar el Estado, minorar las empresas públicas, revisar a fondo el modelo autonómico, evitar duplicidades y redundancias u organismos inoperantes. Gestionen desde la unidad. Solo así, podrían optar por medidas que no resquebrajen el Estado del Bienestar. Tengan cuidado, en este país ya no confiamos los unos en los otros y fuera de España, ya no confían en nosotros. Tengan cuidado».