CRÓNICAS BERCIANAS
Memoria grosera
El grupo socialista en el Ayuntamiento de Ponferrada se llenó de profesionales y gentes en apariencia liberadas de ataduras ideológicas que presumían de su independencia partidista. En menos de un año apoltronados en la asamblea local muchos de sus miembros, sin embargo, comienzan a revelarse como rehenes de un dogmatismo impropio de los tiempos que vivimos, espíritu que sin embargo se contradice con la «cintura» pragmática y la memoria selectiva que sus líderes muestran a la hora de juguetear con los pactos capitales con el PP para impedir básicamente que una alianza más o menos natural con el ismaelismo ponga de relieve las cifras absolutas del grueso fracaso del resultado de los últimos comicios.
Al margen de esa selectiva entente tácita entre socialistas y populares, que en algunos círculos precisamente hiperdogmáticos del PSOE extraña y cabrea pero que resulta lícita y tal vez incluso lo más inteligente para la supervivencia del principal partido de la oposición, lo que llama ya demasiado la atención es el absurdo y procaz comportamiento público que exhiben algunos folgueralistas (y listos) semitrasnochados. Coincidiendo con la inauguración del monumento que la ciudad ha regalado al que ha sido históricamente su mayor benefactor, Miguel Fustegueras Álvarez Valdés, que entregó toda su herencia al pueblo, y que a mediados del siglo pasado se cifraba en casi 500 millones de las viejas pesetas, sorprendió especialmente que el socialista fuera el único grupo ausente en el austero homenaje a una figura que con el bronce que luce en la avenida que lleva su nombre no ve reconocida ni una ínfima parte de su contribución a Ponferrada.
Sorprendió sobre todo, por su grosería, porque hace una semana fue el primer grupo de la «oposición» el que exigió al PP un festival público para asistir al derribo del escudo franquista que «adornaba» la entrada al colegio Campo de la Cruz. Un símbolo tan anacrónico como la actitud hipócrita y artera de ciertos elementos talibánicos del PSOE, que serán unos linces en sus campos profesionales, pero que políticamente son los frutos más torpes y verdes que han pasado por el «mercado» de la plaza del Ayuntamiento. Tal vez algún iluminado nos descubra que bajo la imagen de atildado sociofilántropo de don Miguel lo que se escondía era un rabioso falangista o un peligroso agente nazi de la Abwehr.